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02/06/2005

EL TURISMO DEL GOLF Y SU IMPACTO EN EL MEDIO AMBIENTE Y EN LOS RECURSOS NATURALES

EL TURISMO DEL GOLF Y SU IMPACTO EN EL MEDIO AMBIENTE Y EN LOS RECURSOS NATURALES. PROPUESTAS PARA SU ORDENACIÓN EN EL LITORAL ALMERIENSE
Manuel Sánchez Villanueva
Grupo Ecologista Mediterráneo-GEM

1.- INTRODUCCION
Desde principios de los años 80 se ha incrementado considerablemente el número de campos de golf construidos o en proyecto en la Comunidad Autonoma andaluza. La benignidad del clima invernal de esta comunidad autonoma la convierten en un destino privilegiado para los amantes de este deporte, cuya practica se desarrolla completamente al aire libre, por lo que el numero de turistas extranjeros que visitan el litoral andaluz atraidos por la práctica de este deporte aumenta día a día.
Por parte de las empresas promotoras de instalaciones de este tipo y del sector turístico implicado se ha subrayado la importancia que este turismo tiene como dinamizador de la actividad económica , al tiempo que se destaca su interés como alternativa al turismo de "sol y playa".
Al mismo tiempo, desde los sectores interesados por la conservación del medio ambiente, especialmente por parte del movimiento ecologista,se ha mantenido permanentemente abierto el debate sobre el impacto de este tipo de instalaciones deportivas sobre el frágil equilibrio ambiental de esta tierra, unido a su fuerte consumo de dos recursos naturales escasos en nuestra comunidad: agua y suelo.
Desde que a principios de la presente década comenzamos a trabajar sobre este tema en el Grupo Ecologista Mediterráneo (GEM), hemos detectado una escasez de trabajos y estudios fiables sobre la realidad de los campos de golf en esta zona. A partir de ahí, hemos intentado profundizar en el tema intentado llegar a conclusiones sobre los aspectos fundamentales que a nuestro juicio debe contemplar cualquier debate ambiental sobre estas instalaciones: su abastecimiento del recurso agua, del que son grandes consumidores en competencia directa con la agricultura intensiva y con el consumo urbano, la conveniencia de planificar y legislar el tipo de suelo en los que se pueden localizar estas instalaciones, su impacto sobre el entorno y los acuíferos, y su conveniencia desde el punto de vista socio-económica en relación a otros sectores económicos con los que compiten por los recursos naturales anteriormente citados.

2.- IMPACTO SOBRE EL MEDIO

2.1.-Suelo
Los campos de golf suelen ubicarse en zonas naturales escasamente urbanizadas, y, por lo tanto, próximas a zonas protegidas o catalogadas como suelo no urbanizable según la Ley del Suelo.
Una de las razones de esta preferencia es la necesidad de disponer de una elevada superficie de terreno. Se estima que se requiere como término medio unos 800 metros cuadrados de "green" (i.e: final del recorrido donde el jugador da el último golpe) por cada hoyo, aunque a algunos se les dota de hasta 1.500 m2; teniendo en cuenta que cada hoyo está separado por las calles y las entrecalles, el "tee" (i.e: salida),etc, la superficie aumenta de tal modo que un campo de golf de 18 hoyos con un campo de prácticas necesita 450.000 m2 (45 Has); otros hablan incluso de entre 55 y 80 Has, y no hablemos de los campos de 36 y 54 hoyos existentes en la Costa del Sol Malagueña.
Para el acondicionamiento de la superficie donde se instalará un campo de golf, suele realizarse una labor de desbroce y allanado del terreno ("aclareo"), a excepción de la zona ocupada por los "rough"(i.e: entrecalle), que supone la tala de árboles y matorrales presentes en el terreno original, desapareciendo así una buena parte de la riqueza de matorral existente, arrastrando la desaparación de la fauna aneja a éstos como insectos y reptiles, detectándose descensos de población acusados sobre todo en lepidópteros.
Posteriormente se realiza una labor de subsolado, que no es más que el levantamiento y mezcla de las capas inferiores del suelo situadas a más de 60 cm. de profundidad hacia la superficie para el aireado y posteriores tratamientos para procurar un terreno de juego mullido. Esta labor provoca una modificación sustancial de la estructura y de la microbiología del suelo, ya que el terreno original es suplantado por una capa de grava o piedra machacada de 6-8 cm. de diámetro para favorecer el drenaje, y posteriormente una capa de 30-40 cm de tierra vegetal que puede ser la misma o exportada.
Más tarde es necesario crear un buen sistema de drenaje para eliminar el agua sobrante del riego debido a la sensibilidad a la humedad y a los encharcamientos de las gramíneas que constituyen el césped y, sobre todo ,para que el campo esté listo siempre para jugar. Esta acción, en algunos casos, no respeta el drenaje natural del terreno, modificándolo sustancialmente, introduciendo un factor que puede ser contrario y contraproducente al estado existente antes de esta labor, y, al mismo tiempo, la mayoría de los diseños no contemplan el aprovechamiento de estas aguas de escorrentía.
El mantenimiento de un campo de golf precisa de continuas intervenciones que por su intensidad y frecuencia afecta igualmente al medio donde se asienta. Los abonados son principalmente químicos y no orgánicos, con el riesgo potencial de aumento de la salinidad del suelo teniendo en cuenta que la frecuencia en la aplicación es como mínimo de diez veces al año. Los abonos más utilizados son los compuestos y el nitrato amónico, aunque algunos campos utilizan la urea. Las necesidades nutricionales de un césped es bastante alta, superando los 700 Kg./Ha. y año de preparados químicos comerciales que se están introduciendo en el terreno, provocando su salinización, y,por lo tanto, su futura esterilidad.

2.2.- Consumo de agua y repercusión en acuíferos
Los datos sobre consumo de agua en los campos de golf andaluces son tan variados como las fuentes consultadas. Sin embargo, a la hora de evaluar este dato, y ante la falta de datos fiables proporcionados por fuentes independientes como la administración autónoma o la Universidad, el G.E.M ha preferido siempre basarse en datos proporcionados por las mismas empresas gestoras de campos de golf, los cuales siempre deberán ser, al menos en principio, conservadores.
De este modo, tenemos que el consumo medio campo/año de los dos campos más antiguos de la provincia, son los siguientes:
1) Club de Golf Playa Serena: 300.000.- m3/año
2) Golf Almerimar.................: 580.000.- 03/año
Para el resto de los campos de la provincia, carecemos de datos contrastados. Por ello recurrimos al trabajo coordinado por Priego de Montano y elaborado por científicos de la Universidad de Córdoba " Valoración Ambiental de los campos de Golf en Andalucía", patrocinado por la Federación Andaluza de Golf , por entender que dicho estudio debería contar con datos fiables relativos a los consumo de agua de los campos andaluces, ya que había sido promovido por los responsables de los mismos.
Tal y como se afirma en el trabajo de Priego de Montano (1994:100):
" Teniendo en cuenta los cálculos anteriores, y la superficie cespitosa media de un campo de golf de 18 hoyos en Andalucía, un campo de golf de nuestra comunidad debería consumir un mínimo de 360.000 m3/año, para el mantenimiento de la superficie cespitosa, cifra que concuerda con la de 1.000 m3/día de otras fuentes consultadas. Esta cifra aumentaría o disminuiría algo dependiendo de la ubicación" (4)
Dentro del citado trabajo publicado por la Universidad de Córdoba se sigue afirmando(1994:101)
" Teniendo en cuenta todo lo anterior, creemos que el consumo medio que viene realizando un campo en Andalucía gira en torno a los 500.000 m3/año, cantidad sensiblemente más alta (40%) que la mínima estimada, hecho que achacamos a que se riega total o parcialmente los "rough" .

Los tres campos de golf asentados en la comarca del Poniente almeriense utilizan aguas procedentes del consumo humano en diferentes zonas turísticas de la zona. Así, en Almerimar se depuran las aguas en la propia urbanización ejidense y posteriormente son utilizadas para el riego de unas 52 Has., en us mayoría ocupadas por el césped del campo de golf. Igualmente ocurre en el campo de golf de la urbanización roquetera de Playa Serena. El campo dispone de 4 depuradoras del agua que se consume en esta zona turística.
El campo denominado "La Envía Golf", en el término municipal de Vicar se riega con aguas residuales depuradas procedentes del núcleo de El Parador de las Hortichuelas y que son impulsadas hasta el paraje de "La Envía". Esta solución al abastecimiento de agua de este campo se decidió a partir de demandas en este sentido de colectivos agrarios y ecologistas.
En el caso de los campos de "Cortijo Grande" y "Club de Tenis Almería" se utiliza abastecimiento a partir de pozos, aunque en ambos casos cuentan con proyectos para la utilización de aguas residuales.
En los nuevos campos actualmente en proyecto: "Aguilón Club Golf" (Pulpí),
"Marina de la Torre" (Mojacar), "Vera Golf" (Vera), la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía ha puesto como condición para su aprobación que se construyan instalaciones para garantizar el riego con aguas residuales depuradas.

3.- Repercusión Socio-Económica del Turismo del Golf en Andalucía
La existencia de campos de golf en la costa andaluza supone un factor diversificador de la oferta de "sol y playa" que tradicionalmente ha constituido la base de la industria turística en nuestra comunidad.
La práctica de este deporte se ha convertido en un incentivo turìstico de primer orden en nuestras costas, por el espectacular crecimiento de turistas que lo práctican, muy fieles y de alto poder adquisitivo. Los jugadores de golf que visitan nuestas costas gastan entre 2,5 y 4 veces más de promedio que un turista normal, y, además, viajan en temporada baja, garantizando la explotación del sector servicios en épocas de mínima ocupación.
El turismo de golf tiene un perfil característico, ya que se trata de un turismo de categoria notablemente superior a la media. Otras características positivas de este tipo de turismo, según el Plan de Marketing de la Costa del Sol, es:
- Se aloja en hoteles de 4 y 5 estrellas (el 75%)
- La mitad de estos turistas realizan visitas al interior
- Indice de movilidad medio-alto
Como consencuencia de lo anteriormente expuesto, se puede concluir que la actividad turística ligada al deporte del golf supone una actividad económica de relativa importancia. Del volumen total del gasto de un jugador de golf, en torno al 50 % es de carácter extrahotelero, y únicamente alrededor del 15% es estrictamente inherente al golf, lo que nos puede dar na idea de las repercusiones que tiene el golf como generador de economías inducidas que se traducen en creación de empleo. Así, aparte del directo que se deriva de las instalaciones propias del golf, restaurantes y bares anejos al mismo, de las pernoctaciones turísticas de los jugadores y acompañantes y de la inversión en los campos de golf, se propicia la proliferación de puestos de trabajo directos e inderectos de más dificil cuantificación a través de actividades como:
- Promociones inmobiliarias
- Intermediación turística, restauración, táxis, alquiler de automoviles y comercio
- Construcción, etc
A la hora de planificar la oferta turística basada en el reclamo del deporte del Golf, existen una serie de modelos, de los cuales dos son los más utilizados en Andalucía:
1) El sistema "Golf-Urbanización": Orientado hacia una privatización eventual del campo de golf a favor de los compradores de los productos inmobiliarias asociados a la promotora del campo.
Este sistema ha determinado una reducción del número de salidas y una perdida de calidad, al mismo tiempo que un encarecimiento exagerado de los "green-fees".
De hecho, y según se indica en el informe de CEA (Confederación de Empresarios de Andalucía) "Actualización sobre el Informe sobre el Turismo del Golf en Andalucía" (Málaga,1992:6):
" La estructura de los desarrollos inmobiliarios asociados a los campos de golf determina una privatización de la ofrerta particularizada para cada instalación. En el principio del desarrollo inmobiliario el 90% de las salidas están disponibles para turistas. A medida que la urbanización se va consolidando, el número de salidas a la venta se reduce llegando a un mínimo con la cesión del campo por parte de la sociedad inmobiliaria a los socios compradores de inmuebles. En el periodo inmediato a la cesión se ha llegado en algunos casos a un cierre total de las instalaciones para los jugadores no socios. Pasado un año como máximo los nuevos socios propietarios vuelven a vender las salidas ante la realidad de los gastos de mantenimiento de las instalaciones".
B) El modelo denominado "Golf-Resort": Se basa en una oferta sólida y segura de alojamiento combinada con una oferta segura de jugar al golf para los turistas. Se trata del tipo de golf más frecuente en áreas como USA y El Caribe.
Para los expertos, la capacidad de un área turística para atraer un volumen significativo de turismo de golf aparece a partir de un número de campos que se denomina "masa crítica"; este número mínimo de campos se situa entre 5 y 10, dependiendo del planteamiento turístico del mismo. Actualmente, la provincia de Almería, con 5 campos en funcionamiento y 3 más proyectados a corto plazo, estaría ya muy cerca de estar dotada de masa crítica suficiente para generar un foco de atracción turística.

4.- Conclusiones y Propuestas de Ordenación del Sector
Como ya indicabamos al principio del presente trabajo, a la hora de plantear el debate sobre este tipo de instalaciones, es necesario tener presente que en la provincia de Almería compiten con el resto de las actividades económicas básicamente por dos recursos naturales muy escasos en la misma: suelo y agua. También es necesario tener en cuenta el impacto ambiental que produce su construcción y mantenimiento, especialmente en aspectos como el impacto sobre las especies, el manto vegetal y el forestal, el drenaje natural y la utilización de fertilizantes y fitosanitarios.
Según datos tomados del citado trabajo de Priego de Montano, (que no compartimos por considerarlos excesivamente conservadores), el consumo de agua por hectárea en un campo de golf rondaría los 12.000m3 para el 90% del campo, y 30.000 m3 para el 10% restante. Sin embargo, no hay que olvidar que la agricultura extratemprana de Almería, que supone el sector primordial dentro de la actividad económica provincial, tiene unos consumos medios de 6.000 m3/hectárea/año, con una productividad del recurso agua muy cercana a la peseta/litro, y con una generación de mepleo cercana a los 780 jornales/Ha, muy superior a la producida por el deporte del Golf.
Sin embargo, dado que la agricultura intensiva no puede ser en modo alguno un "monocultivo" para la provincia de Almería, y que el subsector del turismo del golf ha demostrado una mayor productividad que el modelo turístico "sol y playa", creemos interesante para Almería el mantener un número de campos de golf como foco de atracción turística (la "masa crítica" de la que habla el informe de CEA), siempre dentro de unos límites de planificación, limitación y control del impacto ambiental que produce.
Para ello presentamos una serie de propuestas, que se podrían resumir en las siguientes:
A) Elaboración inmediata por parte de la Junta de Andalucía de una normativa legal sobre este tipo de instalaciones, en las que se contemplen aspectos tales como:
- Localización de este tipo de campos en relación a la ordenación del territorio
- Criterios para la utilización de abonos y fertilizantes
- Impacto ambiental de su construcción y mantenimiento
- Sistemas de control sobre el abastecimiento de agua, siempre sobre la base de la
obligatoriedad de consumir aguas residuales depuradas

B) Redacción de un estudio a nivel provincial, por parte de investigadores cualificados, del impacto ambiental de este tipo de instalaciones, su repercusión sobre un medio ambiente tan frágil como el del litoral almeriense, así como de la capacidad real que nuestro territorio puede soportar, sin que este tipo de instalaciones suponga una pérdida de recursos para otros sectores, teniendo en cuenta que las aguas residuales serán a corto plazo un recurso muy valorado en nuestra provincia,y que el suelo es ya un recurso escaso en el litoral almeriense.

5.- BIBLIOGRAFIA
- ABELEDO, Jose (1992): Informe sobre el Impacto de los Campos de Golf en el Medio Ambient, (Málaga, Itaca)
- ALBENTOSA SANCHEZ, Luis (1991): El Climas y las Aguas,Madrid, Editorial Síntesis)
- DIAZ ALVAREZ, Jose R. (1993): Geografía del Turismo, (Madrid, Editorial Síntesis)
- GARCIA LORCA, Andrés y otros (1991): Desarrollo Regional y crisis del Turismo en Andalucía, (Almería, Actas del Simposio Hispano-Francés,Instituto de Estudios Almerienses)
- GONZALEZ ASENSIO, Angel (1994): Pasado, Presente y Futuro de los Acuiferos almerienses, Almería , Instituto de Estudios Almerienses
- GUTIERREZ FERNANDEZ, Miguel Angel (1995): Depuración y Reutilización de Aguas Residuales del Campo de Dalías, Almería, II Seminario "El Agua,Presente, Pasado y futuro", Instituto de Estudios Almerienses
- MUÑOZ MARTINEZ, Antonio y otros (1991): Recursos Naturales y Crecimiento Economico en el Campo de Dalías,Sevilla, Agencia de Medio Ambiente
- PALOMAR OVIEDO, Francisco (1994): Los Invernaderos en la Provincia de Almería, Almería, Instituto de Estudios Almerienses
- PRIEGO DE MONTANO, Rafael y otros (1994): Valoración Ambiental de los Campos de Golf en Andalucía", Cordoba, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cordoba
- SIERRA ANTIÑOLO, Jose (1989): La Reutilización de Aguas Residuales, Acondicionamiento y uso, Madrid, MOPU
- VILLALVILA ASENJO, Hilario (1994): El Impacto de las Actividades Deportivas y de Ocio-Recreo en el Medio Ambiente,Madrid, AEDENAT

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02/06/2005 14:05 Enlace permanente. Tema: Artículos de opinión No hay comentarios. Comentar.

DEMANDAS HÍDRICAS DE UN CAMPO DE GOLF

Inicialmente el golf era un deporte que buscaba el paseo para desarrollar un juego en un medio donde la naturaleza era el escenario de la actividad. Actualmente y especialmente en nuestras latitudes climáticas semiáridas, es una actividad que se desarrolla en un paisaje artificializado idílico, pero que no tiene nada que ver con su medio natural. O sea se ha pasado de un juego que usaba el paisaje natural (en otras latitudes diferentes a las nuestras) a una actividad que recrea un espacio de forma artificial, y que hace un uso insostenible de los recursos naturales. La mayor parte de las tecnologías y técnicas que se aplican en los campos de golf provienen de países con unos recursos hídricos y una pluviometría superiores al que nosotros tenemos en esta parte del mediterráneo. Las especies de hierba utilizadas son importadas de los países centroeuropeos con unos consumos medios de más de 10.000 m3 por hectárea al año. Hay que tener en cuenta que con la alta insolación y la elevada evapotranspiración en la Comunidad Valenciana, esos valores podrían ser mucho mayores. Algunos autores las elevan hasta 15.000m3 por ha. Hay que añadir a ese consumo del césped la evaporación de los numerosos lagos artificiales que se insertan en los campos de golf o entre estos y las urbanizaciones. Teniendo en cuenta que la superficie de un campo de golf oscila entre las 50 y 150 hectáreas, el consumo anual de agua un campo de golf es del orden de 1 millón de metros cúbicos al año, o el equivalente de una ciudad de 12.000 habitantes. Así pues el consumo de los 20 campos de golf existentes ahora en la Comunidad Valenciana es de 20 hectómetros cúbicos anuales, o el equivalente al consumo de una ciudad de 240.000 personas. Muchas veces se ha dicho que los campos de golf consumen aguas residuales depuradas, pero eso no es siempre cierto. La alta salinidad de las aguas residuales las hace muchas veces no apta para el riego del "green", lo que obliga a mezclarlas con agua potable o agua subterránea en proporciones a veces del 50%. Otro tema a discutir sería si las aguas residuales depuradas

Según la Ley de Aguas los usos recreativos o turísticos del agua están por detrás de otros usos (abastecimientos urbanos, regadíos, industria) en el orden de prioridades de los usos del agua. Sin embargo muchos usos recreativos se enmascaran dentro de los abastecimientos urbanos, impidiendo distinguirlos claramente. Una línea de defensa de los campos de golf en el litoral mediterráneo es el argumento económico. Según ese argumento un litro de agua que se dedique a regar un campo de golf produce una mayor riqueza económica que otro uso como el agrícola. Además según esos defensores de los campos de golf, se utilizan prioritariamente aguas residuales depuradas para el riego de los campos de golf. Sin embargo esa valoración económica deja de lado el estudio de los impactos ambientales y territoriales de los campos de golf. Los impactos ambientales son muy variados: consumo de territorio, urbanización del medio rural y natural, eliminación de la vegetación natural y uso masivo de biocidas para eliminar la competencia del césped (plantas adventicias, topos, lombrices, nematodos, arañas, etc), contaminación de acuíferos, modificación de la morfología del terreno, relieve y el sistema de drenaje, etc. Pero la principal objeción que se les puede hacer a los campos de golf es el consumo desmesurado de un recurso escaso y valioso en nuestras latitudes. Aunque se utilicen aguas residuales depuradas es necesario muchas veces mezclarlas con aguas potables para rebajar su salinidad que acabaría con el césped. El desvío de estas aguas residuales depuradas hacia los campos de golf no debería competir con los aprovechamientos agrícolas que puedan hacer uso de esas mismas aguas o con el mantenimiento de los caudales ecológicos de los ríos.

Existen básicamente dos tipos de campos de golf según el número de recorridos; campos de 18 ó 9 hoyos, aunque existen algunos con 27 hoyos. Aproximadamente, uno de 18 hoyos precisa de unas 60 hectáreas. Las especies de hierba utilizadas son importadas de los países centroeuropeos, algunas de las cuales consumen hasta 10.000 m3/Ha-año, a lo que hay que sumar la alta insolación y la elevada evapotranspiración en la zona mediterránea que, según algunas fuentes, elevan estas cifras hasta los 15.000 m3. Para una superficie media de 60 hectáreas, dependiendo siempre de la zona geográfica donde se localice, se requiere un consumo anual de entre 600.000 y 1.000.000 m3/año, equivalente al consumo de una población de entre 9.000 y 12.000 habitantes.
Campo de golf

Por otro lado, según fuentes del Instituto Geológico y Minero de España, la media de consumo de agua de un campo de golf estándar de 18 hoyos está entre 1.500 y 2.000 m3/día en los meses de máxima irrigación, lo que supone entre 150.000 y 300.000 m3/año.
02/06/2005 14:02 Enlace permanente. Tema: golf No hay comentarios. Comentar.

La ecotasa de Baleares,
un paso hacia el turismo sostenible

12 de abril del 2001
José Santamarta
World Watch, nº 11. España, abril del 2001.

La búsqueda de rentabilidades inmediatas, permitiendo la masificación y la destrucción de los recursos que atraen al turista (playas, paisajes, naturaleza, monumentos o cultura local), deteriora en unos pocos años la fuente de ingresos, como han comprendido en Baleares, donde la administración regional de socialistas, verdes y nacionalistas ha implantado una ecotasa o impuesto ecoturístico, que gravará las estancias en hoteles y apartamentos de los 11 millones de turistas con un impuesto diario de 2 a 0,25 euros (de 333 ptas a 42 ptas).
La ecotasa prevé recaudar 12.000 millones de pesetas al año y servirá para que el gobierno balear financie la mejora de zonas turísticas y la recuperación de espacios rurales y naturales. El gobierno del PP y los principales empresarios y turoperadores rechazan la ecotasa, prueba de su nula sensibilidad ambiental, y de su falta de visión, pues el paisaje y la conservación del medio ambiente son los requesitos básicos para asegurar la sostenibilidad del turismo.
En 1999 más de 657 millones de personas viajaron fuera de las fronteras de sus países en viajes de turismo, según la Organización Mundial del Turismo (OMT). Los ingresos del turismo internacional en 1999 ascendieron a 449 millardos de dólares, cifra en la que no se incluyen los pasajes aéreos. El turismo emplea a 255 millones de trabajadores en todo el mundo, es decir, a uno de cada nueve trabajadores y genera cerca del 10,7% del PNB mundial. El turismo supone un 13% de los gastos de consumo, la mayor cantidad después de la dedicada a la alimentación.
Para el año 2010 la OMT estima que se llegará a mil millones de turistas internacionales y unos ingresos de 1.550 millardos de dólares, cuatro veces superiores a los de 1996. El crecimiento del turismo internacional ha sido espectacular: se ha pasado de 25 millones en 1950 a 657 millones en 1999. El aumento del nivel de renta y del tiempo libre, unido a la reducción del precio real de las tarifas aéreas, crean las condiciones para que el turismo siga creciendo.
El turismo tiene efectos positivos, pero también negativos. Entre los positivos está la creación de empleo, el incremento de los ingresos económicos, el permitir mayores inversiones en la conservación de espacios naturales, el evitar la emigración de la población local, la mejora del nivel económico y sociocultural de la población local, la comercialización de productos locales, el intercambio de ideas, costumbres y estilos de vida y la sensibilización de los turistas y de la población local para proteger el medio ambiente.
Los posibles ingresos futuros por turismo son una poderosa razón para conservar importantes ecosistemas y algunas especies emblemáticas. Brasil, por ejemplo, puede obtener muchos más ingresos por turismo conservando el Pantanal que los que obtendría con su destrucción, merced a la hidrovía, las plantaciones de soja, la ganadería extensiva y la extracción de oro, y lo mismo cabe decir de la Amazonia, una región aún sin apenas desarrollo turístico. El turismo es una alternativa económica para conservar bosques autóctonos, zonas húmedas, ríos sin presas y litorales, o algunas especies, como los gorilas de montaña en Ruanda, la fauna salvaje en Kenia o los osos en Alaska. Aunque el turismo tiene importantes impactos, en muchos casos éstos son inferiores a los de otras actividades económicas, como la minería, la industria forestal, los monocultivos agrícolas, la ganadería extensiva, los grandes embalses, la extracción de petróleo y carbón o las industrias contaminantes.
El turismo es uno de los pocos sectores intensivos en empleo, y en todo tipo de empleos, desde los más cualificados a los menos, y es una de las pocas alternativas a la destrucción de empleo ocasionada por el cambio tecnológico y la globalización, junto con la reducción de la jornada laboral. Es también un sector donde coexisten desde la gran multinacional a miles de pequeñas empresas familiares. En la próxima década se espera crear más de 100 millones de empleos en el sector turístico en todo el mundo. Entre los efectos negativos, tan importantes como los positivos, está el incremento del consumo de suelo, agua y energía, la destrucción de paisajes al crear nuevas infraestructuras y edificios, el aumento de la producción de residuos y aguas residuales, la alteración de los ecosistemas, la introducción de especies exóticas de animales y plantas, el inducir flujos de población hacia las zonas de concentración turística, la pérdida de valores tradicionales y de la diversidad cultural, el aumento de la prostitución (turismo sexual), el tráfico de drogas y las mafias, más incendios forestales y el aumento de los precios que afecta a la población local, que a veces pierde la propiedad de tierras, casas, comercios y servicios.
Los flujos turísticos contribuyen al cambio climático, a las lluvias ácidas y a la formación del ozono troposférico, pues los transportes aéreo y por carretera son una de las principales causas de las emisiones de dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y otros gases contaminantes, y a la pérdida de biodiversidad, tanto de forma directa como indirecta. De una forma capilar, el turismo afecta a todo tipo de ecosistemas, desde el litoral destruido por una muralla de hormigón, a las montañas donde se asientan las estaciones de esquí, o, como los Alpes, son invadidas por millones de excursionistas. Los campos de golf son hoy una de las principales atracciones turísticas, con graves repercusiones a causa del consumo de agua y el empleo de plaguicidas. Una región tan árida como Andalucía realiza costosas campañas de promoción del golf en toda la prensa internacional. Prácticamente ningún lugar se salva del turismo, desde la Antártida, donde la presión es cada vez mayor, al Everest, contaminado por centenares de toneladas de residuos abandonados por las múltiples expediciones. Ningún país ni región quiere verse privado de las rentas del turismo, salvo Corea del Norte, Afganistán, Sudán y algún otro país, y probablemente por poco tiempo. El turismo internacional es uno de los aspectos de la globalización, y probablemente uno de los que tendrá mayores repercusiones.
A pesar de que el turismo es una causa importante del deterioro ambiental, es muy poco lo que se ha estudiado, en comparación con otros problemas de mucha menor importancia, y cuando se relaciona con el medio ambiente, se abordan aspectos marginales, como el ecoturismo, que todavía es un mercado incipiente y poco consolidado. Existe una complacencia acrítica, y en la mayoría de las publicaciones y páginas en los grandes medios de comunicación supuestamente de periodismo ambiental se promociona esta industria que tanto afecta de forma negativa a la naturaleza, ya sea para captar publicidad o nuevos lectores ansiosos de emplear su dinero y su tiempo desplazándose a nuevos lugares o descubrir una nueva ruta que recorrer, tras desplazarse en automóvil.
Muchas de las campañas de promoción del turismo supuestamente sostenible son meras y hábiles operaciones de imagen, pues el derribo de un hotel obsoleto, un carril bici, la recogida selectiva de residuos o algún equipamiento para ahorrar energía o agua, o lavar menos veces las toallas, no evitarán las graves repercusiones insostenibles del turismo. En primer lugar por los desplazamientos en modos motorizados y todo lo que ello supone, desde infraestructuras (aeropuertos, autovías, aparcamientos, puertos deportivos, carreteras de todo tipo, funiculares, trenes de alta velocidad) a las emisiones a causa del consumo de combustible, más cuando los turistas se desplazan miles de kilómetros en avión. Y en segundo lugar, por las repercusiones en el lugar de acogida, desde la infraestructura de alojamiento, al consumo de agua, energía y otros recursos, ruido y contaminación.
La mayor parte del turismo no es sostenible, y lo más sostenible es lo que aparentemente no lo es. Benidorm, con la gran concentración de hoteles, apartamentos y cerca de medio millón de turistas en el mes de agosto en apenas 12 kilómetros de costa, es mucho más sostenible que ese mismo número de turistas de forma dispersa (el llamado turismo de calidad) afectando a decenas de kilómetros de costa. Puestos a destruir el litoral, cuanto menos se destruya mejor, y las altas densidades permiten reducir los desplazamientos y acometer las inversiones adecuadas en depuración de aguas y tratamiento de residuos. Lo ecológico son los rascacielos. Cuanto más altos mejor, como en la película de Bigas Luna localizada en Benidorm, y lo antiecológico son los chalés y las urbanizaciones dispersas con jardín y piscina individual. Lo más insostenible es ese supuesto turismo rural y de aventura en vehículos 4x4, degradando las zonas que aún no lo están y con los mayores consumos de recursos per cápita, cierto ecoturismo a países lejanos o ese turista del mundo rico que no quiere ser considerado turista, sino viajero o aventurero, como si estuviésemos en la época de Orellana o de Marco Polo, que recorre miles de kilómetros en avión (el modo de transporte con mayores emisiones y consumo de energía por viajero-km) para pasar un par de semanas o el mes de vacaciones en Vietnam, Zimbabue, Namibia, Irán o China.
La mayor parte de la población de los países en desarrollo aún no participa de los flujos turísticos, salvo las élites, pero las cosas empiezan a cambiar en muchos lugares, y se abrirán nuevos mercados en Asia y Latinoamérica para las nuevas clases medias. En 1999 Francia fue el destino más visitado del mundo (70 millones), seguido por España (51 millones), y Estados Unidos el país que registró más ingresos por turismo internacional, mientras que España ocupa un cuarto lugar (unos 30.000 millones de dólares). Los doce primeros países por ingresos turísticos en 1998, según la OMT, fueron los siguientes: Estados Unidos, Italia, Francia, España, Reino Unido, Alemania, China, Austria, Canadá, Australia, Polonia y México. La participación de América Latina en el turismo mundial es aún pequeña, pero crece rápidamente. Cuba ha duplicado el número de turistas desde 1995, aunque México es el primer destino turístico. La región mediterránea, con 46.000 km de costa, es el principal destino turístico mundial, con cerca de 180 millones de turistas y 6 millones de camas hoteleras, y es también donde se registra un mayor deterioro ambiental. En Italia el 43% del litoral está totalmente urbanizado y el 28% parcialmente.

El turismo en España
España es la cuarta potencia turística mundial por ingresos de divisas y segunda por número de visitantes, y probablemente la primera en ingresos netos de divisas. En 1999 hubo 51 millones de turistas extranjeros propiamente dichos, más que habitantes. Según la OMT siete de cada 100 turistas eligieron España como destino. Somos la California de Europa, estamos al lado del mayor mercado emisor (el 70% de los turistas internacionales son europeos), la accesibilidad es cada vez mejor por avión y en automóvil privado, y los competidores se ven amenazados por el integrismo (Egipto, Argelia…), la inestabilidad y la seguridad ciudadana (casi toda África, algunos países latinoamericanos y asiáticos) o los conflictos civiles. El único gran competidor en el turismo de sol y playa es el Caribe. La fórmula española se basa en las cinco eses: sun, sex, sea, sand y sangría. Para el 2020, según la OMT, España recibirá 71 millones de turistas, un 40% más que en 1999, ocupando según las previsiones de la OMT el cuarto lugar mundial, tras China (137 millones), EE UU (102,4 millones) y Francia (93,3) y por delante de Italia, Reino Unido, México, Rusia y la República Checa.
El número de establecimientos hoteleros en España asciende a 13.800, con un total de 569.802 habitaciones que suponen 1.087.529 plazas hoteleras, aproximadamente el 4,7 por ciento de la oferta mundial. España cuenta con 226.081 bares y cafeterías, 58.886 restaurantes, 13.800 establecimientos hoteleros, 125.000 apartamentos turísticos, 2.992 centrales de agencias de viaje con un total de 3.574 sucursales, 1.171 cámping, 226 puertos deportivos, 176 campos de golf, 112 estaciones termales y 28 estaciones de esquí. Y la oferta sigue aumentando cada año. El modo de transporte más utilizado por los turistas internacionales que nos visitan fue el avión (71%), seguido del transporte por carretera (25%), y el resto llegó por vía marítima o ferrocarril. Además de los visitantes extranjeros, hay que destacar que la mayoría de los españoles pasan sus vacaciones en España. En 1999 España ingresó por turismo 5 billones de pesetas, mientras que los gastos de los españoles en el exterior no llegaron al billón; los ingresos netos fueron por tanto de más de 4 billones de pesetas (cerca de 23 millardos de dólares).
El turismo interior y exterior representa el 11% del Producto Interior Bruto (PIB), y aporta cerca de 1,6 millones de empleos (el 11% de la población ocupada total). El 80% del turismo se dirige a la costa, lo que convierte a las playas en uno de los pilares básicos de la economía española, frente al 20% del interior. Muchas playas pueden desaparecer por el cambio climático.

Turismo sostenible
El desarrollo turístico debe ser sostenible a largo plazo, viable económicamente y equitativo, desde una perspectiva ética y social para las comunidades locales. El turismo más sostenible es el que se hace en casa, leyendo un libro, delante del televisor o conectado a Internet, o paseando por el barrio. Pero como en el mundo real el turismo es un fenómeno de masas, que responde a necesidades reales y creadas, y que cada vez tendrá más importancia, por el aumento del nivel de renta y de tiempo libre, y además las poblaciones beneficiadas necesitan fuentes de ingreso y empleo, conviene encauzarlo y regularlo, con el fin de reducir sus repercusiones globales (emisiones del transporte aéreo y por carretera) y locales (pérdida de biodiversidad, degradación de recursos) y asegurar su sostenibilidad.
La ecotasa puede frenar el crecimiento de la oferta turística, ante las consecuencias de la masificación, fenómeno que ya afecta a la mayor parte del norte del litoral mediterráneo. Baleares, con una población estable de 797.000 habitantes, cuenta con 390.000 plazas turísticas y recibe anualmente once millones de turistas, casi todos por avión, el modo más contaminante. Se ha recomendado introducir el concepto de capacidad de carga en la industria turística, limitando su número, especialmente en las zonas sensibles, como parques nacionales y reservas protegidas. El Ministerio de Medio Ambiente debería preparar un auténtico Plan de Turismo Sostenible, que vaya más allá de un catálogo de buenas intenciones.
Las repercusiones globales del turismo se pueden reducir aumentando la fiscalidad ecológica sobre los combustibles, especialmente el queroseno (combustibles de los aviones), el gasóleo y la gasolina y otros recursos, como el suelo, el agua o los residuos que se vierten. El medio ambiente con precios entra, y sin instrumentos fiscales no se cumplen los fines.
A nivel local se pueden formular las siguientes recomendaciones:
1. Promover la producción local y ofrecer alimentos de la zona, a ser posible ecológicos y sin productos químicos (plaguicidas, abonos químicos, aditivos), así como elaborar menús regionales.
2. Reducir y minimizar la generación de residuos: elegir envases retornables, rechazar productos con envoltorios superfluos y destinar los residuos orgánicos a la producción de compost. Utilizar papel reciclado y blanqueado sin cloro en los folletos turísticos, eliminar el PVC y organizar la separación en origen, la recogida selectiva y el reciclaje. Aumento de los impuestos sobre los envases.
3. El turista medio en España consume 440 litros diarios de agua, que llegan a 880 litros en los hoteles de lujo, y además este consumo se produce en los meses más secos. La importancia de ahorrar agua es clave. Utilizar tecnologías eficientes en grifos y retretes, construir instalaciones para recoger el agua de lluvia, cambiar las toallas y sábanas sólo cuando sea necesario, usar plantas autóctonas en los jardines e informar a los clientes sobre la necesidad de ahorrar agua. Paralizar la construcción de nuevos campos de golf. Promover pocas y grandes piscinas públicas frente a muchas pequeñas piscinas individuales, con una política de precios del agua que grave los consumos excesivos.
4. Depurar las aguas residuales y reutilizarlas para el riego del césped o la agricultura, tal como hace Benidorm, por ejemplo. No abusar de los detergentes de limpieza con agentes químicos y fosfatos. Nuevos impuestos sobre los productos tóxicos.
5. Ahorrar energía: usar paneles solares para calentar el agua sanitaria y energías renovables (eólica, minihidráulica, fotovoltaica) para producir electricidad. Optar por electrodomésticos y bombillas fluorescentes compactas de bajo consumo y vigilar el correcto aislamiento térmico y acústico de los edificios. Prioridad a los ventiladores frente a los despilfarradores aparatos e instalaciones de aire acondicionado.
6. Construir de manera ecológica y respetuosa con el paisaje y el medio ambiente. Hacer uso de materiales locales de producción propia, no tóxicos y aptos para el reciclaje. Adaptarse a la arquitectura tradicional. Promocionar la arquitectura bioclimática, y la alta densidad con mezcla de actividades frente a la urbanización dispersa. Urbanismo, viviendas y materiales deben igualmente adaptarse al clima local, reduciendo, por ejemplo, los consumos de electricidad en refrigeración en los meses punta de julio y agosto. El arbolado, las ventanas pequeñas, el uso de persianas y contraventanas, los patios interiores con fuente, el encalado de fachadas, el aislamiento térmico y acústico o los muros gruesos, aseguran el confort térmico sin requerir aparatos de aire acondicionado, que son enormes devoradores de electricidad. Una política de precios altos de la electricidad, con una fiscalidad ecológica, eliminaría el despilfarro.
7. Evitar el tráfico de vehículos privados. Promover el transporte público, el senderismo, el uso de bicicletas y el montar a caballo. Fomentar la peatonalización de los cascos urbanos. Reducir el ruido, y obligar a cumplir la normativa a bares y discotecas. Y por encima de todo reducir la distancia de los desplazamientos en transporte aéreo y en vehículo privado. Promocionar el turismo local frente al internacional, y procurar que los desplazamientos en modos motorizados sean lo más cortos posible. Una política fiscal que grave la gasolina, el gasóleo y el queroseno, ayudarán a cumplir estos fines.
8. Respetar la cultura local. Preservar los monumentos, tradiciones, artesanía y la fauna y flora. Proteger y regenerar los espacios naturales. Frenar la especulación urbanística y la construcción de grandes infraestructuras, como autovías, embalses, puertos deportivos o aeropuertos.
9. Evitar las actividades de ocio que sean nocivas para la naturaleza, como las motos de trial, los 4X4 y las ruidosas, peligrosas y contaminantes motos acuáticas. Promover las excursiones que permitan conocer mejor la flora y la fauna y los paisajes locales. No comprar animales o plantas como recuerdo.
10. Respetar a la población autóctona. Facilitar el contacto entre los viajeros y la población receptora. Rechazar los guetos turísticos. Planificar para que el turismo beneficie a toda la población local.

Referencias
1. PNUMA. Development of National Parks and Protected Areas for Tourism. Stationery Office. Nairobi, 1993.
2. France, L. et al. The Earthscan Reader in Sustainable Tourism. Londres: Earthscan, 1997.
3. Honey, M. Ecotourism and Sustainable Development. Washington: Island Press, 2000.
4. Weaver, DB. Ecotourism in the Less Developed World. CABI, 1998.
5. McLaren, D. Rethinking Tourism and Ecotravel. Kumarian Press, 1998.
6. Lane B. y Bramwell, B. Sustainable Tourism: Principles and Practice. Wiley, 1998.
7. UICN, Tourism, Ecotourism and Protected Areas. IUCN, 1996.
8. Fernández Fuster, L. Teoría y técnica del turismo. Madrid: Editora Nacional, 1971.
9. Díaz Alvarez, J.R. Geografía del Turismo. Madrid: Editorial Síntesis, 1993.
10. Pearce, D. Tourism Today: A geographical analysis. Longman, 1987.
11. WWF. Responsible Tourism in the Mediterranean. Roma, 2000.
12. Frangialli, F. Sustainable Tourism. WTO (OMT), Madrid, 1999.
13. Amigos de la Tierra (FOE). Sustainable tourism in the Mediterranean. CEAT. Bruselas, 1999.
14. Pérez de las Heras, M. La guía del ecoturismo, o cómo conservar la naturaleza a través del turismo. Madrid, Mundi-Prensa, 1999.
02/06/2005 14:10 Enlace permanente. Tema: Artículos de opinión No hay comentarios. Comentar.

Instrumentos para paliar la insostenibilidad de los sistemas urbanos

José Manuel Naredo
Boletín CF+S
Índice General

• 1 Introducción
• 2 Antecedentes y contexto de la actual preocupación por la sostenibilidad
• 3 Precisiones sobre el objetivo de la sostenibilidad aplicado a los sistemas urbanos en relación con el proceso económico ordinario
• 4 Requisitos básicos para paliar la creciente insostenibilidad de los sistemas urbanos (con especial referencia a España)
• 5 Ideas para corregir los principales escollos a la sostenibilidad de los sistemas urbanos (en España)
• 6 Conclusiones sobre los instrumentos económicos (en sentido amplio)

1 Introducción
La presente ponencia trata de poner coto a la creciente banalización y deriva instrumental que, a mi juicio, ha observado el tratamiento de la sostenibilidad urbana por administraciones públicas, universidades y medios de difusión. Esta tendencia ha restado credibilidad a las políticas relacionadas con el tema cuando, tras más de una década de programas y aplicaciones, no se observa al menos en España- que el propósito tantas veces enunciado de la sostenibilidad esté contribuyendo de modo efectivo a reconvertir los sistemas urbanos hacia modelos ecológicamente más viables y socialmente más recomendables que los actuales. Es más, existen evidencias que muestran que, en general, la situación ha empeorado en nuestro país desde que se puso de moda el discurso de la sostenibilidad urbana: la ocupación territorial, el urbanismo y la construcción registran hoy patrones de comportamiento menos ecológicos que hace diez o quince años, a la vez que se acentúan los signos de polarización social.
Pese a valorar, en general, positivamente los programas y proyectos en favor de las ``buenas prácticas'' para la sostenibilidad urbana, resulta evidente que no han conseguido modificar un contexto institucional y mental que se muestra generalmente inadecuado para el logro de ese objetivo. Corregir este panorama exige empezar reconociendo la precaria situación de fondo, para hacer, después, un llamamiento muy claro y vigoroso que ayude a inflexionar las tendencias actuales contrarias a la sostenibilidad. Mejor que hablar de proyectos de ``ciudades sostenibles'', resulta previo establecer una ``estrategia de transición'' capaz de paliar, al menos, la creciente insostenibilidad, definiendo un ``protocolo de mínimos'' que, al establecer un marco inequívoco de prioridades, ayude a romper, e incluso a reconducir en favor de la sostenibilidad, las principales inercias mentales e institucionales desfavorables a ella.
En relación con el tema que nos ocupa, antes que hablar de instrumentos económico-financieros para la sostenibilidad urbana, debemos de identificar los obstáculos institucionales que orientan el juego económico ordinario hacia la insostenibilidad urbana. Una vez indentificados éstos y definidos otros marcos institucionales más favorables, es cuando cabe buscar instrumentos útiles para establecerlos y gestionarlos. Todo lo cual exige, como más adelante justificaremos, razonar desde una economía abierta y transdiciplinar, utilizando enfoques sistémicos. Pues tanto el necesario cambio institucional como los posibles instrumentos económicos, urbanísticos, etc., para la sostenibilidad necesitan apoyarse, por una parte, en informaciones físicas, sociales y territoriales adecuadas, sin las cuales corren el riesgo de girar en el vacío, y, por otra, en un conocimiento bien claro de la situación de partida a corregir. Por eso esta ponencia necesita aclarar desde el principio el contexto en el que se inscribe la actual preocupación por la sostenibilidad en relación con los sistemas urbanos y precisar los medios necesarios para conseguir avances en este sentido. Finalmente se identificarán los principales escollos que dificultan la consecución de ese objetivo y los posibles medios para sortearlos. Pues conocer bien las tendencias e instituciones que van actualmente en contra del objetivo de la sostenibilidad es el primer paso para poder mitigarlas y corregirlas manejando un instrumental adecuado para ello.
2 Antecedentes y contexto de la actual preocupación por la sostenibilidad
La civilización industrial al utilizar el razonamiento monetario -que se sintetiza en el agregado de Renta o Producto Nacional- como guía suprema de la gestión, resalta la dimensión creadora de valor y utilidad del proceso económico, pero cierra los ojos al análisis de los deterioros que ocasiona en su entorno físico y social. La economía estándar, al circunscribir su reflexión al universo de los valores monetarios, deja de lado lo que ocurre con los recursos naturales, antes de ser valorados, y con los residuos artificiales generados, que también carecen de valor. Se ignora, asimismo, la influencia que el proceso económico ejerce sobre el conjunto social. Se privilegia el análisis de los flujos monetarios, desatendiendo las dimensiones físicas y sociales de los procesos de creación de valor y su incidencia sobre el patrimonio, ya sea `natural', `construido' o `cultural'. Estamos en presencia de un instrumental teórico que gobierna la gestión sin procesar de modo sistemático la información sobre los daños físicos, sociales y culturales que dicha gestión provoca, ya sea por extracción de recursos, por emisión de residuos, por demoliciones y usos del territorio poco afortunados, o por polarización social y deterioro de la convivencia; de un instrumental que registra solamente el coste de extracción y de manejo de los recursos naturales y el territorio y no el de reposición, favoreciendo así dichos deterioros. Para bien gestionar se ha de conocer cómo funciona el objeto físico de la gestión, con su reflejo territorial y su incidencia social. Con ánimo de suplir esta carencia de conocimiento físico ha surgido la llamada economía ecológica, con corrientes denominadas de ``ecología industrial o urbana'', al aplicar el aparato conceptual de la ecología al análisis de los sistemas industriales y urbanos. Se trata, en suma, de restablecer los circuitos de información física, territorial y social relacionada con la gestión o el manejo de tales sistemas, que el predominio del análisis monetario había quebrado, para hacer que la sociedad pueda rediseñar las reglas del juego económico con conocimiento de los daños que inflige en su entorno físico y social a fin de controlarlos y reducirlos.
Con el propósito antes enunciado de incorporar, entre las señales que orientan la gestión económica, un feed back de información sobre las consecuencias físicas y sociales que dicha gestión origina, han venido trabajando autores que van desde los economistas franceses del siglo XVIII, hoy llamados `fisiócratas'[2] , hasta los que suscriben las actuales propuestas de hacer una gestión económica más sostenible. El hecho de que tan dilatado empeño racionalizador no haya conseguido imponerse todavía, evidencia que tal empeño se enfrenta a poderes firmemente establecidos en la civilización industrial que aceptan o desechan determinados conceptos, enfoques y planteamientos, evitando que dicha racionalización llegue a término y se aplique, por fin, en el terreno de los hechos. No podemos ni siquiera ilustrar aquí este proceso de ``selección social'' de enfoques y conceptos que se ha encargado de promover en las ciencias sociales aquellos que resultan más funcionales a los poderes establecidos. Valga recordar simplemente que a veces el uso de un término se difunde con asombrosa rapidez en la literatura científica y administrativa, sin que disponga de certificado de nacimiento válido, es decir, sin haber sido definido de una forma precisa. Esto es lo que ocurrió en su día con las ideas de producción (con su meta de crecimiento o desarrollo) y con su traslación al universo aislado de los valores monetarios, y esto es lo que ha ocurrido más reciente y marcadamente con la noción de desarrollo sostenible y con la moda de la sostenibilidad. Aclarar mínimamente estos extremos resulta esencial para lograr con solvencia el objetivo propuesto en el presente trabajo de revisar las instituciones y los instrumentos económico-financieros con vistas a la sostenibilidad urbana.
El éxito que tuvo la rápida aceptación del propósito del ``desarrollo sostenible'' no se debe a la novedad[3] en los planteamientos sino a la controlada dosis de ambigüedad que albergaba esta expresión, que ofreció a los políticos la posibilidad de contentar a todo el mundo y de apuntalar la fe en el desarrollo económico que se había tambaleado durante la década de los setenta, tras el Primer Informe del Club de Roma sobre Los límites del crecimiento (1971), la Conferencia de Estocolmo sobre El Medio Ambiente Humano (1972) y la primera ``crisis petrolífera'' de 1973. Esta expresión permitió tender un puente virtual sobre el abismo que se abría entonces entre `conservacionistas' y `desarrollistas', haciendo que ambos vieran en él reflejados sus respectivos propósitos: los primeros creían ver atendidas sus metas de conservación de la naturaleza, los segundos creían ver reflejados sus afanes de desarrollo económico. Resulta clarificador observar que la clave de su éxito estriba también en haber llevado la síntesis del conflicto entre conservación y desarrollo, o entre ecología y economía, hacia el ámbito conceptual de esta última. Pues hay que subrayar que los dos términos de esta síntesis procedieron del propio arsenal de la economía[4], señalando implícitamente la mayor influencia de esta última en el desplazamiento operado en el centro de gravedad de la polémica. Con lo cual el conflicto se cerró en falso. Ya que en vez de retroalimentar la gestión económica con informaciones procedentes del mundo físico, territorial y social, rompiendo el monopolio que venía ejerciendo sobre ella la información monetaria, las aguas acabaron volviendo a su cauce: el razonamiento monetario continuó dominando sin que otras informaciones complementarias se plasmaran en nuevos criterios y estadísticas generalmente consensuados. De esta manera el éxito de la idea del desarrollo sostenible se pagó a costa de su propia inoperancia: su aceptación generalizada se produjo a base de vaciarla de contenido para que todos vieran en ella aquello que querían ver. Fue enarbolada por políticos y empresarios, junto con otras políticas de ``imagen verde'' para calmar las preocupaciones ecológicas de la población: ciertamente resultaba política y económicamente más cómodo y rentable invertir en ``imagen verde'' que empeñarse en reconvertir los procesos, las mentalidades y las reglas del juego económico vigentes.
En este contexto no es casual que se agudizara también entre los técnicos y las organizaciones más responsables la preocupación por hacer operativa la noción desarrollo sostenible y la búsqueda de nuevas estrategias para conseguirlo. Para ello resulta, a mi juicio, fundamental tener bien claro cual es el punto de partida descrito, además de afinar bien la orientación de las propuestas.
Si queremos hacer operativo ese concepto tendremos por fuerza que llenarlo de contenido concreto rompiendo con la indefinición generalizada que había provocado su éxito inicial. Esta indefinición trajo consigo, por una parte, la aceptación acrítica de la idea de desarrollo económico, por otra, la banalización del adjetivo sostenible, que acabó empleándose como sinónimo de bueno o de deseable y aplicándose a las actividades o aspectos más variopintos y ajenos a las consideraciones ecológicas o ambientales que apoyaron su empleo inicial. En lo que concierne al primer aspecto mencionado, precisemos simplemente que si por desarrollo se entiende el crecimiento permanente de algo físico o una aceleración sostenida por una fuerza constante, es seguro que no puede ser viable a largo plazo en el mundo físico. En tal caso la frase desarrollo sostenible sería una combinación de términos contradictorios o incongruentes. En lo que concierne al segundo, hemos de acotar su significado acercándolo de nuevo a la preocupación por la estabilidad ecológica de los sistemas que le dio origen, con ánimo de incluirla entre los criterios que guían la gestión económica. Si queremos conservar los dos términos (desarrollo y sostenible) evitando que su enunciado sea incongruente, tendríamos que empezar por redefinir lo que se entiende por desarrollo (su relación con el crecimiento y con la propia noción de producción a la que sirve) para acabar revisando toda la mitología del crecimiento que la civilización industrial ha abrazado como única fuente de progreso y bienestar y reducto de la irracionalidad e insolidaridad global más manifiesta[5]. Sin embargo creo que podemos evitar este rodeo hablando directamente de sostenibilidad de los sistemas (urbanos, en el caso que nos ocupa) dejando de lado las precisiones sobre lo que se entiende por desarrollo. Dejemos de lado, pues, por el momento, la noción de desarrollo para proseguir, con ánimo constructivo, esta reflexión orientada a enjuiciar el panorama económico-financiero desde el ángulo de la sostenibilidad.
Para lograr nuestro propósito de operatividad debemos añadir algunas precisiones sobre el tema de la sostenibilidad. Hay que precisar que utilizaremos la idea de sostenibilidad en su sentido fuerte, es decir, atendiendo a evitar la degradación del patrimonio natural y construido entendido en términos físicos (por contraposición a la sostenibilidad débil, que razona sobre el deterioro patrimonial medido sólo en términos monetarios). Distinguiremos también entre sostenibilidad local (o parcial) y sostenibilidad global, según se refiera a la viabilidad limitada en el tiempo y en el espacio de un sistema urbano (o industrial) particular o a la viabilidad de la generalización espacio-temporal de dicho sistema. En lo que sigue nos referiremos a la sostenibilidad de los sistemas (urbanos) atendiendo a su dimensión, no sólo local, sino también global, que es la que originó este tipo de preocupaciones. Pues es un hecho claro que los sistemas urbanos han tratado sistemáticamente de preservar su sostenibilidad local a base de comprometer su sostenibilidad global y que sólo recientemente ha empezado a preocupar esta última. También evitaremos la discusión de lo que se entiende por un sistema (urbano) sostenible, para adoptar el propósito más claro y pragmático (adoptado en Naredo, J.M. y Valero, A (dirs), 1999): en vez de proponer ingenuamente ``sistemas urbanos sostenibles'', proponemos el objetivo más modesto de paliar la obvia insostenibilidad global de los actuales sistemas urbanos o, al menos, de evitar que esta insostenibilidad siga acentuándose. Porque si ni siquiera se consigue esto último, menos aún se lograrán los otros objetivos más ambiciosos.
Aún acotado así el problema, hay que indicar cuales son las fuentes de deterioro de los sistemas físicos, para tener criterios claros para precisar si un sistema físico avanza o no hacia una mayor insostenibilidad. En el mundo físico los sistemas se deterioran o colapsan bien por pérdida de su propia calidad interna o por problemas externos en las fuentes (que los nutren de recursos) o en los sumideros (que absorben sus residuos). Habida cuenta que el planeta Tierra es un sistema cerrado en materiales (es decir, que no intercambia materia con su entorno) y abierto en energía (que recibe diariamente la radiación solar y emite calor hacia el espacio), hoy se sabe que el desarrollo sostenible de la biosfera pudo construirse a base de cerrar los ciclos de materiales y de apoyarse para ello en la energía solar: en la biosfera la energía solar mueve los ciclos de materiales como el agua la rueda de un molino. Estos ciclos hacen que los residuos se reconviertan permanentemente en recursos, o también que todos los materiales sean objeto de reutilizaciones sucesivas, no existiendo en puridad ni recursos ni residuos, ya que todo acaba siendo reutilizado. Ello hasta el punto de que, por ejemplo, existe una altísima probabilidad de que el agua que bebemos o usamos a diario haya sido ya bebida o utilizada antes por algún otro organismo a lo largo de la historia de la Tierra.
El problema de la insostenibilidad de la sociedad industrial estriba en que, a diferencia de la biosfera, no ha sido capaz de cerrar los ciclos de materiales reconvirtiendo, con la ayuda del Sol y sus derivados, los residuos en recursos. Con lo cual el sistema se topa con problemas de escasez de recursos y de exceso de residuos, a la vez que resulta cada vez más difícil y costoso mantener su propia calidad interna, como veremos más adelante. Aspectos estos que la noción de producción ha tratado de encubrir sistemáticamente en la ideología económica dominante[6], al presentar como inequívocamente positivo cualquier crecimiento de la misma, aunque se apoye cada vez más en la extracción y el deterioro del patrimonio natural terrestre.
A la luz de lo anterior, podemos decir inequívocamente que un sistema económico se hace globalmente más insostenible a medida que utiliza (directa o indirectamente) y degrada cantidades crecientes de la energía y los materiales extraídos de la corteza terrestre o de los obtenidos de la sobrexplotación de ecosistemas, especies o recursos considerados renovables. Estos usos arrojan una huella de deterioro ecológico observable sobre el territorio por el espacio requerido para obtener los recursos o para depositar o digerir los residuos. A la vez que el deterioro de la calidad interna de dicho sistema puede acarrear su insostenibilidad, no sólo global, sino también local. Es evidente que para saber si un sistema avanza o no hacia la insostenibilidad hay que disponer de información sobre su funcionamiento físico (recursos y territorios utilizados directa o indirectamente, residuos emitidos, recuperación y costes de la misma), sobre su propia calidad interna y sobre los factores que afectan a su metabolismo. En lo que sigue nos ocuparemos de aplicar estos criterios a los sistemas urbanos.
3 Precisiones sobre el objetivo de la sostenibilidad aplicado a los sistemas urbanos en relación con el proceso económico ordinario
Es un hecho conocido que la civilización industrial ha acentuado la insostenibilidad global de los sistemas urbanos. El predominio de las reglas del juego económico ordinario, operado en el marco de la llamada globalización y de los enfoques parcelarios propios de la civilización industrial, ha desencadenado tres tendencias contrarias a la sostenibilidad que inciden simultáneamente sobre la ordenación del territorio, el urbanismo y la edificación (Vid.Naredo, J.M., 2000). Una primera tiende a ordenar el territorio en núcleos de atracción de población, capitales y recursos y áreas de apropiación y vertido. Otra, tiende a implantar un nuevo modelo de urbanización: el de la conurbación[7] difusa (el llamado urban spread, que separa además las distintas funciones de la ciudad), por contraposición a la ciudad clásica o histórica, compacta y diversa. La tercera tiende a implantar un único modelo constructivo: el que podríamos llamar estilo universal[8], que dota a los edificios de un esqueleto de vigas y pilares (de hierro y hormigón) independiente de los muros, por contraposición a la arquitectura vernácula (que construía los edificios como un todo indisoluble, utilizando los materiales del entorno).
La primera de las tendencias indicadas resulta de la conjunción de dos procesos: el de especialización y alejamiento de las distintas fases del proceso económico, que ha posibilitado en nuestra civilización `fosilista' el bajo coste del transporte, con ciertos rasgos del cálculo económico ordinario que hemos desvelado en otra ocasión (Naredo, J.M. y Valero, A. (dirs.), 1999). Cabe mencionar, entre los rasgos indicados, que el cálculo económico ordinario considera solamente el coste de extracción y de manejo de los recursos naturales y el territorio, pero no el de reposición o renovación de sus calidades originarias, incentivando las actividades no renovables frente a las renovables y forzando a la vez la escasez y deterioro de los recursos y el exceso de los residuos, con lo que el horizonte de insostenibilidad está servido de antemano. Hemos de subrayar también, que el uso de los recursos naturales teniendo únicamente en cuenta el coste de extracción y no el de reposición, es sólo el primer eslabón de una asimetría creciente que relaciona la valoración monetaria y el coste físico en la cadena de procesos que conduce a la venta final del producto, a la vez que los ingresos tienden a distribuirse en proporción inversa a la penuria del trabajo que retribuyen. La tasa de revalorización creciente por unidad de coste físico que se observa como regla general de comportamiento económico[9] a medida que los procesos avanzan hacia las últimas fases de elaboración y comercialización, unida a la creciente especialización que se observa, arrastran irremisiblemente hacia un panorama territorial y social crecientemente polarizado. Hay que subrayar también que el sistema financiero internacional amplifica esta polarización al ofrecer a los más ricos y poderosos posibilidades adicionales de financiación que crecen a tasas muy superiores a las de los agregados de producto o renta. De esta manera, habría que cambiar las reglas del juego que informan el funcionamiento de los sistemas de valoración y de financiación actuales si queremos evitar que sigan configurando, dentro y fuera de los países, una geografía cada vez más escindida entre núcleos de atracción de población, capitales y productos, y áreas de apropiación y vertido, y alimentando simultáneamente procesos de desarrollo económico y de deterioro ecológico. En la investigación citada se hacen algunas propuestas metodológicas para ello, cuya materialización demandaría el necesario apoyo político y una dotación de medios que permitiera unificar consensuadamente, mediante convenciones y acuerdos internacionales (como los que dieron lugar a los sistemas de Cuentas Nacionales), los presupuestos metodológicos y las reglas de aplicación de nuevos sistemas contables, así como el diseño de nuevos instrumentos económicos vinculados a ellos. Estas realizaciones reclamarían, en suma, un apoyo comparable al otorgado, por ejemplo, al proyecto GENOMA para la búsqueda de los componentes bioquímicos últimos del ser humano, por no hablar de otros empeños internacionales más dotados y extravagantes.
Como no se aprecian síntomas de revisión del marco institucional que condiciona las reglas del juego económico antes mencionadas[10], interesa subrayar aquí que hay que contar un panorama global poco propicio para la sostenibilidad, que hace que el primero de los procesos territoriales indicados se desarrolle a escala planetaria, con el apoyo conjunto de empresas transnacionales domiciliadas en ciertos ``estados metropolitanos'', agrandando la distancia entre los países ricos del Norte y los países pobres del Sur y acelerando el proceso de urbanización sobre todo en estos últimos. El desbocado proceso de urbanización que se observa en los países del Sur, unido a su precaria situación económica, dificulta seriamente el mantenimiento de la propia calidad interna de los sistemas urbanos, acentuando no sólo la insostenibilidad global de tales sistemas, sino también la local. Sólo cabría citar excepciones generalmente localizadas sobre todo en los países ricos, en los que se han establecido trabas institucionales al desarrollo ciego de esa tendencia para lograr modelos de orden territorial más equilibrados o al menos policéntricos. En los países de la Unión Europea, la menor intensidad del proceso de urbanización y los mayores recursos económicos permiten atender mejor objetivos de equilibrio territorial y de sostenibilidad local de los sistemas urbanos, así como llevar la reflexión hacia la insostenibilidad global del modelo de urbanización imperante en el mundo.
En lo que concierne a los otros dos procesos indicados, preocupa que el modelo de asentamientos (conurbación difusa) y de edificios (estilo universal) así configurado se haya revelado enormemente costoso de mantener económica y ecológicamente[11]. Con lo cual estos modelos plantean problemas de insostenibilidad (global y local) mucho más graves que los planteados por los modelos urbanos y arquitectónicos tradicionales. Ambos procesos se apoyan mutuamente. La construcción de la conurbación difusa operó como el modelo de urbanización que tendía a desarrollar el capitalismo en ausencia de regulaciones firmes en otro sentido (Naredo, J.M., 1994 y 2000), cuyo desarrollo se veía facilitado por el tipo de construcción industrializada y monótona que ofrecía el estilo universal. Éste contribuyó, no sólo destruir y densificar los cascos antiguos, sino también a difundir la urbanización menos densa por todo el territorio, con la ayuda del viario y las infraestructuras necesarias. Junto a los bloques en altura que añadieron volumen a los núcleos más densos de la conurbación, se puso también de moda `tumbar' y trocear los bloques en la periferia en forma de adosados, pareados o cualesquiera otros módulos repetitivos de viviendas unifamiliares.
Pero no sólo creció el tamaño del territorio ocupado, haciendo que el área de las grandes ciudades pasara de medirse en cientos de hectáreas antes del siglo XIX, a tener que hacerlo en miles de kilómetros cuadrados. La conurbación difusa también contribuyó a destruir otros tipos de urbanización, hasta ofrecer un modelo de orden territorial diferente. El modelo se desplazó desde el predominio de una base rural hacia el de una base metropolitana. Antes unas pocas grandes ciudades convivían en un mar de `campo' junto con numerosos pueblos y villas de menor tamaño, que mantenían su personalidad y autosuficiencia. Hoy estos pueblos y villas se han visto engullidos por la conurbación o vaciados por la emigración cuando estaban lejos de ella, siendo de una u otra manera tributarios del nuevo orden metropolitano.
La principal dificultad que surge para modificar el funcionamiento de las tendencias en curso estriba en que la conurbación (a la vez densa y dispersa) ya no es un proyecto de los ciudadanos que la pueblan, sino que evoluciona al margen de ellos. Los procesos de urbanización y construcción se despliegan impulsados por la racionalidad rentabilista y parcelaria antes mencionada, sin que los ciudadanos tengan conciencia del funcionamiento de las conurbaciones en su conjunto y de sus implicaciones ecológicas y territoriales. El modelo actual de conurbación plantea así la paradójica existencia de un organismo colectivo que funciona físicamente sin que los individuos que lo componen conozcan ni se interesen por su funcionamiento global y, en consecuencia, sin que tal engendro colectivo posea órganos sociales capaces de ejercer un control responsable sobre el mismo. Reconstruir estos órganos sociales resulta una condición necesaria para modificar el comportamiento físico y territorial de las conurbaciones con vistas a paliar su insostenibilidad global y, en ocasiones, local. El objetivo es volver a considerar la ciudad como un proyecto en el que pueden y deben influir los ciudadanos pensando, no sólo en su calidad interna (habitabilidad), sino también en su relación con el resto del territorio, para controlar la huella de deterioro ecológico que originan sus servidumbres territoriales por extracción de recursos y emisiones de residuos. Evidentemente, el tamaño sobrehumano de las conurbaciones actuales dificulta enormemente esta reconstrucción, urgiendo a redimensionar o dividir esa ciudad-proyecto en unidades (barrios[12]) que permitan el ejercicio de una democracia directa o participativa. Así, invertir conjuntamente en el fomento de la información y la participación de los ciudadanos se revela mucho más crucial que hacerlo en nuevas infraestructuras, para romper con la atonía social propia de los asentamientos actuales y posibilitar, de esta manera, cambios en el metabolismo urbano favorables a la sostenibilidad. Pues a diferencia de la primera crisis urbana que trajo consigo el cambio de escala y de funcionamiento que ejemplificó la conurbación londinense durante el siglo XIX, la crisis actual ya no puede superarse con meros tratamientos técnicos parcelarios, sino que requiere sobre todo cambios sociales e institucionales. Se trata, en suma, de reavivar el discurso perdido de lo urbano para que los ciudadanos puedan reconstruir el gobierno de las ciudades como primer paso para reconducirlas por el camino de la sostenibilidad.
4 Requisitos básicos para paliar la creciente insostenibilidad de los sistemas urbanos (con especial referencia a España)
A la vista de lo anterior podemos subrayar que para mejorar la sostenibilidad (en el sentido más modesto y restringido antes señalado) es necesario retomar la ciudad como proyecto y razonar sobre ella con ese fin, prestando atención no sólo a la sostenibilidad local y a corto plazo del propio sistema urbano, sino también a la sostenibilidad global que se deriva de su relación con el resto del territorio.
Hay que subrayar también que la consideración de la ciudad como proyecto cubre a la vez los dos requisitos usualmente enunciados en las propuestas para mejorar la sostenibidad de los sistemas urbanos[13]: visión integrada (o sistémica) y cambio de lógica (trascendiendo los enfoques sectoriales o parcelarios habituales). Normalmente se exige que el enunciado de estos requisitos se traduzca en algún compromiso público-institucional firme y duradero para atenderlos. El problema estriba en que no se concreta bien en qué ha de plasmarse la visión integrada y el cambio de lógica solicitados que debe amparar el compromiso público-institucional para que ciertas actuaciones y proyectos se consideren inequívocamente favorables a la sostenibilidad urbana. En lo que sigue procuraremos concretar este punto.
Para gestionar y evaluar la marcha de la ciudad como proyecto desde el ángulo de la sostenibilidad, se ha de disponer de información sobre su comportamiento físico y territorial. Pues no cabe hablar seriamente de gestión sin información. Por ello el compromiso público-institucional ha de concretarse, en primer lugar, en instalar de modo permanente un sistema de información mínima sobre el comportamiento físico y territorial del proyecto urbano considerado, que permita ver si avanza o no por la senda de la sostenibilidad. En segundo lugar, debe de establecerse un núcleo administrativo que vele por la gestión desde esa visión integrada y promueva la participación ciudadana. Solo así podría cobrar visos de operatividad el cambio de lógica demandado, junto con el cuerpo social que lo anime.
Insistimos en que una inflexión que apunte efectivamente hacia la consideración en términos de sostenibilidad del proyecto ciudadano necesita al menos tres puntos de apoyo para echar a andar: 1º) un sistema de información que registre el funcionamiento físico y territorial del sistema urbano considerado y 2º) un núcleo administrativo responsable de la gestión desde esa nueva perspectiva integrada o sistémica que se comprometa, además, a incentivar 3º) un proceso de participación que infunda vida (o alma, para animar) a la ciudad-proyecto.
Las bases para definir una estrategia capaz de seleccionar, financiar y promover, atendiendo a criterios de operatividad, actuaciones y proyectos de desarrollo urbano sostenible, deben establecer como exigencia mínima más elemental que las administraciones regionales o municipales que los proponen se comprometan al menos a dotarse de los puntos de apoyo mencionados sin los que no cabe esperar que fructifique ningún cambio de lógica. Es una verdadera vergüenza que mientras se multiplican los proyectos de buenas prácticas que se dicen en favor de la sostenibilidad urbana, la generalidad de los municipios y las administraciones regionales siga sin contar con los tres puntos de apoyo mencionados y en la mayoría de los casos ni siquiera se plantee abordar su puesta en marcha. Por lo tanto subrayamos la necesidad de plantear una primera estrategia de transición que ponga los medios mínimos para que la gestión municipal empiece al menos a dotarse de los imprescindibles puntos de apoyo para avanzar por el camino de la sostenibilidad. El cambio de lógica debe plasmarse así en un gesto claro y concreto que se traduzca en la dotación mínima permanente de estos puntos de apoyo básicos, no sólo para desarrollar el nuevo pensar integrado o sistémico de los problemas locales o regionales y para promover el conocimiento y la participación de los ciudadanos, sino también para facilitar el seguimiento y la evaluación de los proyectos de reconversión del sistema urbano hacia patrones de comportamiento más sostenibles. Cabe distinguir así entre esta estrategia de transición hacia una dotación mínima acorde con los nuevos enfoques y aquella otra de evaluación general de proyectos de buenas prácticas. Para la primera habría que elaborar un ``protocolo de mínimos'' con vistas a las administraciones implicadas y al marco institucional en el que se desenvuelven, para la segunda criterios para la selección y el incentivo de los proyectos. Habida cuenta del bajísimo nivel del que se parte en España, pienso que la aplicación de una ``estrategia de mínimos'' como la indicada resulta crucial para poner un poco de orden en el campo de la sostenibilidad urbana y conseguir que los proyectos e iniciativas que surjan encuentren un marco favorable y acaben por fin ganando en operatividad.
En lo referente a la información, dos son las síntesis elementales a tener en cuenta para gestionar y evaluar la marcha de los sistemas urbanos en términos de sostenibilidad. Una es la síntesis territorial, otra es la referente al funcionamiento físico del metabolismo urbano. Esta es la hora que la generalidad de los municipios (y regiones) no disponen todavía de información completa y actualizada sobre la evolución de las superficies (nº de hectáreas o m2) destinadas a todos los usos que tienen lugar en su propio término municipal (o regional)[14]. Situar el conjunto de los usos territoriales en la superficie geográfica del término, es el ejercicio más elemental que cabe hacer para mostrar la insostenibilidad de proyectar indefinidamente las tendencias expansivas en curso[15]. Además, razonar situando todos los usos sobre la superficie geográfica permite cuantificar las servidumbres indirectas de ocupación del suelo que conllevan los procesos de urbanización (cifrando la superficie total y per cápita de vertederos, de actividades extractivas, de embalses, etc.) que configuran la huella de deterioro ecológico que se produce en el interior del propio territorio objeto de la gestión, antes de preocuparse de cuantificar otras incidencias más lejanas. Establecer un registro cartográfico y numérico (nº de ha o m2) actualizado de los usos del territorio constituye así la primera y más elemental exigencia para que se pueda hablar con algún fundamento de buenas prácticas de gestión urbana sostenible, que pasaría en primer lugar por controlar y adecuar los usos a las vocaciones de los territorios, evitando la común invasión de las zonas de vega por usos urbano-industriales o la destrucción de los cauces en territorios en los que para colmo predominan los problemas de aridez[16].
A la vista de lo anterior proponemos que se establezca un protocolo muy claro que concrete que las administraciones regionales y municipales que quieran acogerse a ayudas relacionadas con la sostenibilidad, deben de establecer un sistema de información geográfica que siga permanentemente la evolución de todos los usos territoriales que tienen lugar en la superficie geográfica del término municipal o la región, de acuerdo con una metodología mínima prefijada. A título indicativo podemos presentar el siguiente modelo de clasificación sumaria de usos del suelo, actualizable por fotointerpretación, que permitiría depurar y completar la información incompleta derivada del planeamiento[17].



La situación de la información física sobre el metabolismo de los sistemas urbanos es todavía mucho más lamentable que la de la información territorial. Salvo algún estudio aislado[18] , no existen datos de los flujos físicos que movilizan los sistemas urbanos. No puede concebirse un cambio de lógica en favor de la sostenibilidad que no se preocupe por el funcionamiento físico del sistema urbano, con vistas a reducir tanto el uso (directo o indirecto) de recursos no renovables, como la emisión de residuos, y a promover la recuperación de estos últimos. Por lo tanto el protocolo de exigencias mínimas al que deberían de atenerse los municipios y regiones que proyectan trabajar en favor de un futuro más sostenible debe de incluir el compromiso firme de instalar un sistema de información permanente que registre la evolución de estos flujos para evaluar la realidad de los esfuerzos en favor de la sostenibilidad: el continuado aumento del agua, la energía, los materiales y los residuos per cápita denotaría la inoperancia de tales esfuerzos. Tal sistema de información debería de apoyarse en una investigación inicial que definiera la naturaleza de cada sistema urbano[19] para proponer sobre bases sólidas el seguimiento de los flujos más relevantes.
Particular mención requiere, en relación con la sostenibilidad, la actividad de la construcción. Esta actividad es la que mayor tonelaje mueve en recursos (materiales de construcción) y en residuos (inertes), después del abastecimiento (y el vertido) de agua. Además es la que más condiciona la evolución de los sistemas urbanos y su comportamiento físico para asegurar su habitabilidad y funcionalidad (con la ayuda del transporte, el otro gran consumidor de energía y causante del deterioro ambiental). El registro y el adecuado control de los flujos ligados a la actividad de construcción (por ejemplo, venta de cemento u otros materiales, vertido de escombros...) se revela así un indicador importante de la sensibilidad ambiental de los gestores municipales, junto con la atención que se presta a la calidad y a la conservación del patrimonio construido.
Recordemos que España es el país de la Unión Europea que ha destruido una mayor proporción de su patrimonio inmobiliario (Naredo, (dir.), 2000). En efecto, España se ha caracterizado por tener una tasa de `mortalidad' (por demolición o ruina) de edificios y viviendas muy superior a las de los otros países europeos. España tiene así el patrimonio inmobiliario más renovado de toda la Unión Europea: su porcentaje de viviendas anteriores a 1940 es menor, incluso, que el de Alemania, que quedó destruida por la Segunda Guerra Mundial, lo que indica que el desarrollo económico ha sido, en proporción, más destructivo del patrimonio inmobiliario en España de lo que lo fue la Guerra Mundial en Alemania. Por otra parte, España es también el país que tiene mayor porcentaje tanto de viviendas secundarias como de viviendas desocupadas: sólo el 56% de las viviendas construidas entre 1981 y 1991 eran en este último año viviendas principales, siendo el 43% restante secundarias o desocupadas. En los últimos tiempos habrá aumentado probablemente este porcentaje, habida cuenta que el elevado ritmo de construcción de nuevas viviendas contrasta con el estancamiento demográfico. Mientras prosigan paralelamente los intensos procesos de ruina y demolición del patrimonio construido y de construcción de obra nueva, resulta una burla hablar de buenas prácticas en favor de la sostenibilidad. En mi opinión, el actual estancamiento demográfico ofrece una oportunidad sin precedentes para reducir los daños ecológicos ocasionados por la expansión urbanizadora: está pidiendo a voces la reconversión de una política inmobiliaria hasta ahora centrada en fomentar la construcción de obra nueva, hacia otra que fomente la rehabilitación, reconversión y reutilización del patrimonio ya construido. Por lo tanto, otro punto a cuidar en el protocolo de mínimos encargado de definir las condiciones básicas sobre las que deben asentarse los proyectos municipales de buenas prácticas en favor de la sostenibilidad, es que se ocupe de registrar[20] y asegurar el adecuado mantenimiento de los edificios, además de promover la rehabilitación y reutilización del patrimonio inmobiliario desocupado antes de conceder licencias de obra nueva[21].
Hemos dicho que, junto al establecimiento del nuevo sistema de información acorde con el cambio de lógica mencionado, es necesario instalar también un nuevo núcleo administrativo permanente que se encargue de gestionar con criterios de sostenibilidad y de promover la participación ciudadana. No se trata de crear un nuevo departamento sectorial en las administraciones municipales o regionales, sino un nuevo espacio horizontal que se ocupe (con la dotación de medios y el apoyo político necesarios) de reflexionar, evaluar y orientar la gestión desde el enfoque integrado o sistémico ya indicado. Actualmente ninguno de los departamentos con vocación de horizontalidad cubren este terreno, quedando sin soporte administrativo alguno los enfoques integrados o sistémicos. Los departamentos de economía sólo se ocupan de aspectos monetarios, los de ordenación del territorio, urbanismo y vivienda, se ocupan sólo del territorio en sus aspectos inmobiliario-constructivos y de las infraestructuras que lo sirven, y los de medio ambiente, de evacuar los residuos y paliar los resultados más negativos o contaminantes...y los de trabajo e integración social, de paliar el paro y la marginalidad, pero ninguno razona sobre el funcionamiento integrado (monetario, territorial, físico y social) de los sistemas urbanos[22]: se impone, pues, suplir esta carencia que impide que se haga operativo el `cambio de lógica' antes mencionado. No se trata, por lo tanto, insistimos, de crear nuevos departamentos, sino de reorganizar los ya existentes poniendo al frente del nuevo organigrama a personas capaces de pensar desde la nueva perspectiva integrada o sistémica a la que nos venimos refiriendo. Los municipios que se acojan a la `estrategia de mínimos' propuesta deberán hacer un gesto claro en este sentido: el protocolo debería precisar la naturaleza y el alcance del mismo.
El protocolo mencionado debería incluir también alguna exigencia que asegure la voluntad de promover la participación, no sólo estableciendo consultas más o menos sistemáticas, sino poniendo en marcha foros de convivencia (uno o varios, atendiendo al tamaño del municipio o la región de referencia) en los que se discuta el tratamiento y la evolución de las metas y los problemas que plantea el sistema urbano, considerado aquí en su dimensión social, que es la que debe dar cohesión y orientación a su comportamiento físico y territorial. Además de establecer los foros o instancias permanentes adecuadas hay que invertir en promover la participación, para contrarrestar la atonía social y la falta de hábito participativo generalizados por una gestión que se ha venido desarrollando de espaldas a los ciudadanos, no sólo durante el franquismo, sino también con la democracia. Se trata no sólo de solicitar dicha participación y de proponer instancias adecuadas para ello, sino de contrarrestar la inercia del déficit anterior con un gran esfuerzo de promoción (con encuentros, `talleres', etc.) que facilite su puesta en marcha. Este esfuerzo debe de complementarse con el realizado para poner en marcha los sistemas de información antes mencionados. Por ejemplo, el nuevo sistema de información territorial de libre acceso (previsto en el `protocolo de mínimos'), podría presentarse con una exposición sobre la evolución de los usos del suelo (municipal, regional, insular...según los casos) y sus correspondientes ratios (m2 por habitante de los distintos usos, etc.) y regalar o vender a precio subvencionado fotos aéreas del término o algún manual de fotointerpretación[23] para incentivar a los ciudadanos a familiarizarse con el territorio que habitan y con las técnicas que permiten su seguimiento.
En suma, que la participación está llamada a jugar un papel decisivo en la reorientación de los intereses colectivos en favor de la sostenibilidad. La participación es la clave para retomar la ciudad[24] como proyecto y cuidar la calidad interna del sistema urbano tratando de mejorar las condiciones de habitabilidad y desinflando la mitología de «la salvación por el crecimiento permanente»(e insostenible) del sistema urbano. La participación debe de convertirse en un ingrediente imprescindible para que las políticas en favor de la sostenibilidad urbana lleguen a puerto en nuestras extenuadas `democracias'[25].
La insistencia en los temas indicados (información, metabolismo urbano y su huella sobre el territorio, voluntad política y administrativa de retomar la ciudad como proyecto (aplicando enfoques sistémicos o integrados), la participación, más allá de las simples convocatorias o consultas) responde a la escasa atención que se les presta por parte de las administraciones y organismos ligados a los proyectos de buenas prácticas existentes en nuestro país. Lo cual avala la conveniencia de un protocolo de mínimos que ayude a frenar las tendencias actuales y a sentar las bases para que se pueda producir una futura transición en favor de la sostenibilidad.
La estrategia de transición y el protocolo de mínimos mencionados, serían condición necesaria, pero no suficiente, para orientar a favor del objetivo de la sostenibilidad el comportamiento de los sistemas urbanos. Para que se produzca una inflexión efectiva en este sentido habría que incidir sobre las actuales reglas del juego económico contrarias a dicho objetivo, ya sea modificándolas o limitando su incidencia sobre el territorio, el urbanismo y la construcción mediante normativas adecuadas. Una vez establecido el protocolo de mínimos y favorecido el cambio de lógica señalados, habría que sustituir los instrumentos económico-financieros contrarios al objetivo de la sostenibilidad por otros favorables al mismo.
5 Ideas para corregir los principales escollos a la sostenibilidad de los sistemas urbanos (en España)
Hemos empezado viendo (en el apartado 2) que la economía ordinaria orienta la gestión hacia un horizonte de insostenibilidad, al atender sólo a los valores monetarios, cerrando los ojos a los daños físicos y sociales ocasionados. Por eso, con ánimo de corregir esa carencia hemos adoptado un enfoque económico más amplio que se retroalimente (formalizando un feed back mínimo) con informaciones sobre las consecuencias físicas, territoriales y sociales derivadas del proceso económico. Hemos venido razonando para ello desde el enfoque económico abierto y trandisciplinar que debe servir de base a los actuales propósitos de sostenibilidad. Este enfoque, más acorde con la llamada economía ecológica, en sus vertientes de ecología industrial o urbana[26], no sólo va más allá del razonamiento unidimensional propio de la economía ordinaria, sino que permite relativizarlo y sugerir algunos cambios en las reglas del juego económico que vayan en favor de la sostenibilidad. En este apartado señalaremos algunos de los principales escollos que para la sostenibilidad (urbana) suponen ciertas inercias mentales e institucionales que condicionan la evolución de los sistemas urbanos en nuestro país.
Recordemos antes que la configuración de los asentamientos humanos es un reflejo de la propia configuración de la sociedad. Y que el predominio de la racionalidad rentabilista y de los enfoques parcelarios propios de la civilización industrial desencadenan los tres procesos ya indicados (Vid.apartado 3) que influyen sobre la ordenación del territorio, el urbanismo y la edificación. Estos procesos, que originan respectivamente, en el territorio, la polarización territorial y social (tanto en lo local (opulencia y marginación, barrios desfavorecidos...) como en lo global (Norte-Sur)), en el urbanismo , la conurbación difusa y, en la edificación, el estilo universal, apuntan todos ellos hacia un horizonte de insostenibilidad que resulta cada vez más preocupante. En lo que sigue veremos cómo ha jugado en España esta triple incidencia.
El primer escollo a subrayar es el sesgo que imprime a todos los campos de actividad la mitología que presenta el `crecimiento' como algo siempre, no sólo inequívocamente deseable, sino también natural o inevitable. En el caso que nos ocupa hay que subrayar la contradicción que supone la proyección del crecimiento sobre actividades económicas (urbanizadoras y constructivas) que utilizan como materia prima un stock de suelo prefijado, que no crece, evidenciando la insostenibilidad del proceso[27]. En este caso el objetivo de la sostenibilidad exige regular el mercado del suelo para guiar su gestión en régimen de escasez de acuerdo con ciertos patrones de calidad que se estimen razonables[28]. Se trata de evitar con ello que el afán ilimitado de lucro individual de propietarios y promotores origine resultados socialmente indeseables y ecológicamente insostenibles. Excede a las posibilidades de este texto ultimar estos extremos. Valga decir, por el momento, que la nueva Ley del Suelo de 1998, al eliminar la figura del suelo no urbanizable como cajón de sastre indefinido, pide a gritos un desarrollo normativo que induzca a clasificar el todo el suelo y los inmuebles atendiendo a sus calidades y a definir determinado objetivos de conservación, hoy por hoy limitados sólo a algunos espacios o inmuebles protegidos por razones `naturalísticas' o `históricas' muy específicas. Lo cual exigiría modelizar las servidumbres de suelo, agua, energía, etc., que demandan los distintos tipos de urbanización, para definir su relación con el mosaico territorial de calidades y usos que se trata de mantener como objetivo deseable. Lo mismo que la solución de la crisis de salubridad que ocasionó el proceso de urbanización masiva en el siglo XIX exigió la elaboración y el respeto de ciertos estándares constructivos y urbanísticos, la presente crisis ambiental exige una definición análoga para el conjunto del territorio. El instrumental económico llamado a gestionar el suelo en estas condiciones sería similar al atribuible a otros elementos que componen el stock de ``capital natural''. Al igual que el urbanismo convencional ha venido reservando suelo para los llamados ``sistemas generales'', habría que reservarlo ahora, de una u otra manera, para mantener un determinado stock de capital natural (y edificado), plasmado en un mosaico de calidades y usos del territorio (y de los inmuebles) a conservar. No se trata de congelar, sino de condicionar y regular, las posibilidades de `desarrollo'[29] del suelo (`vacante' y construido), que suelen conllevar la destrucción de su valor como patrimonio natural y edificado[30].
Por desgracia, en España estamos bien lejos de establecer este tipo de instrumentos. Por lo que, insistimos, el principal escollo económico que se interpone en el camino de la sostenibilidad, pasa por destruir esa mitología del crecimiento que tan anclada se encuentra en las instituciones y las mentalidades relacionadas el sector inmobiliario-constructivo. Se confunde, así, la normalidad con un episodio singular de la historia urbana: el alocado crecimiento observado en nuestro país durante el último tercio del siglo XX, cuya prolongación en el tiempo se muestra a todas luces inviable[31], sobre todo ahora que la población se ha estancado y va camino de dismunir[32]. Lo cual obligará a revisar todo el orden económico y administrativo relacionado con el medio urbano que se ha configurado de acuerdo con la idea del continuo crecimiento. Nos encontramos con un potente grupo de intereses económicos que sigue presionando en favor del crecimiento urbano al ser su principal negocio la construcción de obra nueva: la clave del negocio de la promoción inmobiliaria pasa por comprar barato suelo rústico o protegido y conseguir recalificarlo para aumentar su edificabilidad y venderlo caro. Es un secreto a voces que el factor de racionalidad que teóricamente trataba de introducir el planeamiento urbano previsto en la Ley del suelo de 1956, se vio drásticamente desfigurado por la presión de los más poderosos para beneficiarse de las oportunas recalificaciones[33]. Y para colmo el marco institucional vigente hace que los ayuntamientos sean también parte interesada en el crecimiento de la superficie construida al establecer el cobro por licencias de obra como tabla de salvación importante para escapar a las dificultades presupuestarias. A la vez el triunfo del prolongado empeño franquista de hacer de España un país con mentalidad de inquilinos-propietarios contribuyó a sostener los mecanismos perversos antes mencionados: extendió la demanda de viviendas como inversión no sólo utilitaria, sino también y sobre todo financiero-suntuaria, hasta el extremo de hacer de España el país de la Unión Europea con mayor porcentaje de viviendas en propiedad y, a la vez, con mayor porcentaje de viviendas secundarias y desocupadas. Hechos estos que se complementan, como dos caras de la misma moneda, con el dato antes mencionado que hace de España el país de la Unión Europea que en mayor proporción ha destruido su patrimonio inmobiliario.
La normativa autorizando la mayor edificabilidad en los cascos de ciudades y pueblos, acarreó la ruina y demolición de buena parte de sus edificios y su más voluminosa reconstrucción con un estilo universal que se reveló ecológica y estéticamente muy poco recomendable. Se incentivó así una pérdida de referencias culturales y el olvido, e incluso el desprecio, de la arquitectura vernácula, que desde épocas inmemoriales se venía adaptando juiciosamente a los materiales y las condiciones de cada entorno. A la vez que, como se ha indicado, el planeamiento no consiguió evitar que se extendiera el modelo de conurbación difusa por toda la geografía del país. Conurbación difusa y estilo universal han sido los modelos implícitos (fuente de insostenibilidad) que han venido gobernando en nuestro país la ordenación del territorio y la construcción con mucha mayor intensidad y firmeza que en otros países europeos más respetuosos de su arquitectura y de su historia. España es sin duda diferente (de otros países europeos) en lo que a urbanismo se refiere, al erigirse en ejemplo de lo que no se debe hacer razonando en términos de sostenibilidad y de habitabilidad. Es un ejemplo descarnado de cómo el evidente predominio de determinados intereses pecuniarios no sólo ha acarreado graves daños ecológicos y sociales, sino que ha arrasado también buena parte del patrimonio inmobiliario del país.
Hablar de buenas prácticas en favor de la sostenibilidad presupone hablar de prácticas que corrijan, al menos, las tendencias en curso indicadas. En primer lugar habría que desinflar toda la mitología del crecimiento tan firmemente enraizada en este campo. El crecimiento de la construcción de viviendas a un ritmo sólo comparable al registrado en los ``años del crecimiento'' anteriores a la primera crisis petrolífera de los setenta, no sólo se muestra ecológicamente insostenible, sino que también lo es económicamente. La doble insostenibilidad del presente boom inmobiliario reside en que la construcción de viviendas e infraestructuras relacionadas, es una actividad física con vocación utilitaria que se mantiene en fuertísimo crecimiento en un país donde ni el territorio ni la población utilizadora crecen. Las Administraciones deberían de caer en la cuenta de la sinrazón ecológica y económica de esta situación, en vez de seguir alimentando un crecimiento físico que acabará redundando en contra de la sociedad. Pues el presente boom inmobiliario, al tener un alto componente especulativo, se acabará desinflando y dejará tras de sí, además de daños ecológicos, paisajísticos, etc, un patrimonio inmobiliario sobredimensionado (generalmente de mala calidad) difícil de conservar.
No sólo se ha de poner coto, también, a la dispersión urbana predominante revalorizando modelos de ciudad compacta y diversa, todavía presentes en nuestro país, sino que haría falta reinventar una arquitectura bioclimática acorde con el entorno que sustituya o resucite a la perdida arquitectura vernácula. Para ello no basta con sacar una Guía de la edificación sostenible (Ministerio de Fomento, 2000) esperando que el libre albedrío de promotores y constructores reconvierta los actuales modos conctructivos. El laissez faire de las administraciones en materia ecológica-ambiental contrasta con la imperativa exigencia con que dispone que toda nueva vivienda ha de contar con un equipamiento `básico': debe de estar dotada con doble circuito de televisión por cable. Si no se produce por las administraciones implicadas un cambio de análoga imperatividad en las reglas del juego económico-constructivo que impulse la aplicación de determinados materiales, técnicas u orientaciones de los proyectos y prohiba o penalice otros, el statu quo seguirá promoviendo indiscriminadamente el estilo internacional por razones de coste monetario y ahorro de mano de obra. Además no cabe hablar de materiales `verdes' o `ecológicos' sin considerar el proyecto en el que se insertan (por ejemplo, como apunta el profesor Vázquez, en el trabajo antes citado (Construcción e impacto ambiental: el caso de la tierra y otros materiales), una torre de gran altura hecha con adobe tendría probablemente un mayor ``impacto ambiental'' que otra de hierro), sino que se han de considerar conjuntamente ambos en relación con su entorno territorial, climático, cultural...En este sentido sería de mucha ayuda mirar más allá de los Pirineos, donde otros países europeos más sensibles han mantenido, e incluso han formalizado e industrializado, los modos, los materiales y las artes constructivas propias de cada región, evitando la invasión descontextualizada del estilo internacional que ha tenido lugar en nuestro país.
En lo que concierne al modelo de urbanización, la nueva Ley sobre Régimen del Suelo y Valoraciones de 1998 vino a dar al nivel estatal carta blanca a la dispersión urbana al decretar todo el suelo urbanizable, salvo que por razones específicas se estime digno de protección. Con ello se eliminan los frágiles diques que la figura del suelo no urbanizable oponía a la extensión de modelo de urbanización difusa en la legislación anterior[34]. De ahí que sea necesario, para el objetivo de la sostenibilidad, hacer un desarrollo normativo de esta Ley que defienda determinado modelo de uso del conjunto del territorio y ponga coto a la expansión errática e incontrolada de la urbanización difusa, que acostumbra a `desarrollar' primero los suelos de mayor valor ecológico, agronómico, etc. invadiendo ecosistemas y vegas de calidad. Afortunadamente hemos visto que el declive de la natalidad que se acusa desde hace treinta años acabará previsiblemente poniendo coto a los desmesurados afanes de crecimiento urbanizador a los que la nueva ley da rienda suelta. Se plantea así una situación demográficamente (y aunque sea paradójico en cierta medida también legalmente[35]) propicia para revisar, en el sentido antes propuesto, el modelo de urbanismo que se ha desarrollado en nuestro país bajo la bandera del crecimiento. Las administraciones, a todos los niveles, deberían de cambiar ya el punto de mira de sus políticas desde el apoyo generalizado a la construcción de obra nueva hacia la conservación y gestión de lo ya construido: con una población estable o incluso en regresión llegará un momento en el que la actividad del sector apunte sobre todo hacia la conservación, rehabilitación[36] y readaptación del patrimonio inmobiliario, quedando como algo excepcional la construcción de obra nueva, al revés de lo que hasta ahora ha venido pasando. Lo cual, en principio, no tiene por qué ser socialmente traumático: la rehabilitación y readaptación del patrimonio construido requiere, por lo general, más mano de obra que la construcción de obra nueva y ocasiona menos daños ecológicos y menos consumo de territorio. El problema estriba en que la conservación y reutilización de los inmuebles recorta seriamente la principal baza del negocio inmobiliario antes descrita: la de comprar barato suelo rústico o protegido y conseguir recalificarlo después para venderlo caro a base aumentar su edificabilidad, dejando a sus nuevos propietarios la tarea de conservarlo. También recorta la recaudación por licencias de unos ayuntamientos igualmente interesados en ampliar la superficie construida.
A la luz de lo anterior, habría que eliminar los escollos que para la sostenibilidad urbana suponen una fiscalidad y unas políticas de vivienda tendentes a fomentar la construcción de obra nueva. Una fiscalidad y unas políticas que explican el predominio de la función financiero-suntuaria de la vivienda y los inmuebeles frente a la utilitaria, así como las rigideces que ocasiona en manejo del stock inmobiliario el predominio masivo de la propiedad como régimen de tenencia. Políticas que, como hemos visto, han hecho de España el país de la Unión Europea que más patrimonio inmobiliario ha destruido y el que tiene un mayor porcentaje tanto de viviendas secundarias como desocupadas. El objetivo de la sostenibilidad urbana demanda los cambios mentales e institucionales necesarios para acelerar la reconversión indicada en las políticas, las actividades y los instrumentos relacionados con el urbanismo y la construcción a favor de un uso más razonablemente regulado del suelo y del patrimonio inmobiliario, desviando el apoyo desde la conurbación difusa hacia un modelo de ciudad más compacta y diversa, desde la construcción de obra nueva hacia la rehabilitación y gestión del patrimonio construido, desde la tenencia en propiedad hacia el alquiler, desde el predominio de la función financiero-suntuaria hacia la utilitaria, desde el estilo universal hacia una edificación bioclimática que reviva y actualice la olvidada arquitectura vernácula añadiendo calidad y sostenibilidad a la reconversión y renovación del patrimonio inmobiliario.
Por último, aunque no en último lugar en importancia, hemos de referirnos a la polarización social y territorial que ocasionan las reglas del juego económico en curso (Vid.Naredo, J.M. y Valero, A. (dirs.), 1999). La ordenación del territorio en núcleos de atracción de capitales y recursos, y áreas de apropiación y vertido se ha traducido en crecientes desequilibrios territoriales y sociales observables a escala nacional y local. En España se acusa un poblamiento por demás desequilibrado entre centro y periferia, matizado por la existencia de ciertos núcleos interiores y ciertos corredores más densos que no podemos detenernos en describir aquí. Valga decir que junto a la fuerte presión poblacional en el litoral y las islas se observan territorios con densidades tan inusualmente bajas en Europa que sólo serían comparables con las de territorios ya próximos al círculo polar ártico (amplias zonas de Guadalajara o Teruel tienen densidades de población similares a las del desierto lapón, por ejemplo). Lo cual hace de España el país con un poblamiento más desequilibrado de la Europa comunitaria, aquejado por el doble problema de desertización y de densificación extremadas[37].
No podemos proseguir nuestra reflexión sin comentar sumariamente la influencia de dos colectivos de usuarios de vivienda de origen foráneo: los turistas y los emigrantes. Como es sabido, la demanda turística ha presionado sobre la edificación en amplias zonas del litoral y de los territorios insulares del Estado español. Primero lo hizo en forma de construcciones hoteleras y, más recientemente, en forma de apartamentos y residencias, bien ocupadas ocasionalmente como viviendas secundarias por población no residente, o bien como principales por un importante colectivo de jubilados. Pero la presión de la demanda solvente de estos colectivos no se ejerce sobre el conjunto del patrimonio inmobiliario del país, sino que se localiza en ciertas zonas de nuestras costas, alimentando procesos de revalorización, masificación y deterioro de todos conocidos, que limitan su futuro crecimiento. Desde mi punto de vista la insostenibilidad del fenómeno turístico resulta, en primer lugar, por los viajes aéreos a larga distancia que conllevan (con un gasto de entre 200 y 500 litros de queroseno por persona y viaje, ida y vuelta). A ello se une la insostenibilidad de los propios asentamientos turísticos, en ocasiones no sólo global, sino también local, que acaba dando al traste con la habitabilidad y el mínimo de calidad que el propio turismo demanda. En estos casos cabe ligar la reconstrucción de la habitabilidad y calidad local, con el objetivo de reducir la insostenibilidad global, como ha ejemplificado el Plan de Acción de Calviá, galardonado con el Premio Ciudad Sostenible de Europa, mostrando que la mejora de las condiciones de vida y su ambiente no pueden ser aspectos separados y menos aún enfrentados, como sugieren los enfoques económicos y las mentalidades parcelarias al uso. La enseñanza de esta experiencia subraya que no cabe abordar el tema de la sostenibilidad separadamente del de la propia habitabilidad y, en general, de la calidad de los sistemas urbanos y de su entorno, mostrando un camino políticamente viable a seguir en la estrategia de transición propuesta.
Por contraposición al colectivo de turistas, el colectivo de inmigrantes no atiende al interés del territorio, de los sistemas urbanos o de sus monumentos, sino a las posibilidades de trabajo y tiende a ocupar el patrimonio inmobiliario más degradado y barato del país. Este colectivo se suma a la población marginada autóctona, para habitar en hacinadas infraviviendas mientras prolifera un parque de viviendas secundarias y desocupadas[38] cada vez más difícil de mantener. Ante este grave problema social el Código Penal de la `democracia' ha respondido tipificando como nuevo delito la okupación de inmuebles. Se trata así de reprimir en vez de regular y de canalizar esa demanda insolvente para salvar una fracción importante del patrimonio inmobiliario del país de la desocupación y la ruina que lo amenaza. Algunas iniciativas particulares son al parecer más sensibles que las estatales en este punto: recientemente han aparecido fundaciones y experiencias que tratan de apoyar el fértil encuentro entre los colectivos sin vivienda y el patrimonio inmobiliario desocupado[39]. Se abre así un amplio e inédito campo de actuación a una política que aborde conjuntamente los desequilibrios sociales y territoriales que aquejan al país desde el ángulo de la sostenibilidad. Se trataría de favorecer, junto con la sostenibilidad, la vertebración social y territorial que las tendencias en curso están deteriorando. La estrategia propuesta debería de promover, mediante nuevos `foros', la refundación de pueblos y recolonización de territorios con problemas de despoblación y abandono. Ello haría además las veces de válvula de escape a la presión que los colectivos marginados proyectan sobre el deterioro de la habitablidad de los núcleos más poblados, que plantea uno de los problemas más acuciantes para el mantenimiento de su calidad interna, condición imprescindible para su sostenibilidad a todos los niveles.
En efecto un problema crucial a subrayar es la polarización, y la creciente segregación, que se observa a escala local. Esta polarización amenaza con deteriorar la calidad interna de los sistemas urbanos y, con ello, su sostenibilidad (y habitabilidad) local. Los temas de la polarización, marginación, barrios desfavorecidos...llevan a crispar la vida ciudadana, dando al traste con las condiciones mínimas de seguridad y convivencia relajada que han sido desde antiguo la base de la buena habitabilidad de las ciudades españolas[40]. No voy a detenerme en este tema clave para retomar la ciudad como proyecto colectivo de vida y para asegurar su propia calidad interna y velar por su sostenibilidad (local y global), sólo haré hincapié en un aspecto relacionado con temas económicos.
Es un hecho ya sabido que los fenómenos de pobreza y marginación social, con todas sus secuelas, aparecen vinculados a la desigualdad económica de fondo, en una sociedad de individuos que se pretenden libres e iguales, y al paro como fenómeno también estructural o de fondo. Dos son los caminos por los que puede abordarse los problemas del paro y la desigualdad a nivel local con sus secuelas de pobreza y marginación. Uno tendente a ayudar a los individuos afectados mediante programas de beneficiencia o de formación para hacer más llevadera su situación o para permitirles competir mejor en «acceder a un puesto de trabajo asalariado». Otro, abrir nuevas posibilidades para escapar a esa situación, promoviendo la cooperación libre e igualitaria como remedio frente al paro y al trabajo dependiente. Creo que el primero tiene poco que ver con la preocupación de la sostenibilidad, al no modificar las causas de fondo de estos problemas, fuente de insostenibilidad. Sin embargo, el segundo apunta a la vez al objetivo de diversificar el tejido social y de revitalizar la cooperación favoreciendo así la cohesión social e, indirectamente, el proyecto ciudadano[41].
Ya va siendo hora de que nos demos cuenta que pedir al actual sistema pleno empleo asalariado es como pedir peras al olmo y que se debería exigir, en consecuencia, la reconversión de los cuantiosos recursos destinados a paliar el paro y sus secuelas y a subvencionar la creación de empleo asalariado, no sólo para promover el reparto de este trabajo, sino sobre todo para facilitar medios que permitan a las personas valerse por si mismas mediante formas de actividad (individuales, familiares o cooperativas) que escapen a la lógica empresarial capitalista, desenganchándose, lo más posible, de ese trabajo asalariado que el capitalismo escatima a los parados. Ello puede ayudar (mejor que el trabajo dependiente y generalmente precario) a recuperar la dignidad y la libertad de las personas que actualmente sufren situaciones de pobreza y marginación y, por ende, su reinserción social en pié de igualdad con el resto de los ciudadanos[42].
Hemos pues de diferenciar claramente, dentro de la iniciativa privada, entre las empresas capitalistas que emplean asalariados con meros fines de lucro y las entidades cooperativas o del tercer sector, que trabajan con finalidades sociales más amplias. La solución a los problemas de pobreza y marginación social reclama sobre todo la estrecha relación de las administraciones y poderes públicos y este tipo de entidades sociales y cooperativas. El compromiso público-institucional que demanda el objetivo de la sostenibilidad debería otorgar a este conjunto de entidades un apoyo mucho más estable y decidido que el destinado al sector empresarial, para paliar la polarización social y las relaciones de dependencia que, junto con el paro, se encuentran en la base del deterioro de las condiciones de vida en el medio urbano. La preservación y mejora de la calidad interna de los sistemas urbanos, imprescindible para su sostenibilidad, otorga un lugar importante a estas medidas de apoyo (que deben diferenciarse de aquellas otras dirigidas a apoyar indiscriminadamente a la iniciativa empresarial, o de simple beneficencia, que poco tienen que ver con el objetivo de la sostenibilidad)[43]. Como también habría que promover, atendiendo a este objetivo, políticas tendentes a diversificar las actividades económicas[44] y las relaciones sociales en el medio urbano. Estas políticas deberían estar presentes, junto al tema de la participación, en la propuesta de protocolo de `mínimos' antes apuntada para apoyar sobre ellos enfoques sistémicos y cooperativos que contribuyan a reanimar, de una u otra manera, esos proyectos de vida en común que en su día fueron las ciudades.
Hay que recordar, finalmente, que los escollos a la sostenibilidad que hemos venido tratando se engarzan en otros más generales, antes esbozados, cuyo análisis y tratamiento escapa al propósito de esta ponencia al desbordar el ámbito de lo local, lo regional, lo nacional e incluso lo comunitario. No hemos querido entrar aquí en una caracterización detallada de las reglas del juego económico ordinario y del marco institucional que mantiene la creciente insostenibilidad global de la civilización industrial, tratados en otras publicaciones[45]. Baste decir que los buenos propósitos en favor de la sostenibilidad (local y global) apuntan a corregir, con intensidad variable, el actual predominio conjunto de la racionalidad científica parcelaria y del individualismo económico insolidario que atentan contra ella o, simplemente, a paliar sus peores consecuencias sociales y ambientales. Siguiendo el espíritu constructivo y pragmático que orienta esta ponencia, hemos preferido dirigir nuestra atención hacia algunos de los rasgos más perniciosos que inciden en España contra el objetivo de la sostenibilidad y que deberían modificarse ya para avanzar por este camino, en vez de discutir problemas de orden internacional que nos rebasan.
6 Conclusiones sobre los instrumentos económicos (en sentido amplio)
Si nos forzaran a precisar en pocas palabras cuales son los instrumentos económicos acordes con la sostenibilidad urbana, podríamos decir sin gran riesgo de equivocarnos que son los contrarios a los que hoy tienen lugar en España. En efecto la anterior enumeración de los escollos que cierran el paso a la sostenibilidad urbana en nuestro país, nos orienta implícitamente hacia la configuración de otros instrumentos más idóneos. Sin ánimo de exahustividad podemos subrayar los siguientes.
En lo que concierne a la ordenación del territorio y al modelo de urbanización, ya hemos dicho que, al revés de lo que ocurre, habría que dotar el confuso panorama que abre la Ley del Suelo del 98 y sus desarrollos regionales y locales[46], de instrumentos capaces de gestionar el patrimonio en suelo e inmuebles como stocks en régimen de escasez, impidiendo el desarrollo indiscriminado de los mismos, que conlleva la destrucción de los valores naturales o constructivos preexistentes. Los derechos al `desarrollo' del suelo (ya sea `vacante' o urbanizado y construido) deberían supeditarse al mantenimiento de ciertas calidades de territorio o los inmuebles y al logro de formas de ordenación que se estimen deseables. La limitación del propio territorio, con sus calidades, es un dato incuestionable que aparece más claro en el caso de las islas, cerrando el paso al `desarrollo' sin límite del mismo, que se revela a la vez imposible y no deseable[47]. La definición y la regulación de los derechos al `desarrollo' del suelo es un aspecto básico que no cabe precisar de una vez por todas mediante la racionalidad científica, sino poniendo en marcha un proceso de interacción abierto y transparente entre información, participación y normas, que contrasta con la actual oscuridad, sigilo y descoordinación con el que se desenvuelven hoy los proyectos legislativos en este campo. La puesta en marcha de este proceso exige replantear sobre nuevas bases el planeamiento, no sólo del conjunto de la superficie geográfica municipal, sino también de la regional y su inserción en planteamientos territoriales más amplios (estatales y europeos). Pues debe de quedar bien clara la imposibilidad de solucionar los problemas relacionados con la sostenibilidad global al nivel meramente urbano y municipal, así como las incoherecias que plantea la pretensión de desarrollar el planeamiento solamente a esta escala.
Insistimos en que el declive demográfico que acusa nuestro país ofrece una oportunidad sin precedentes para superar el dogma del crecimiento sobre el que se ha venido asentando hasta el momento todo el marco institucional y mental y todo el quehacer ligado al urbanismo, la construcción y el negocio inmobiliario. Los cambios antes indicados en la legislación sobre el suelo y los inmuebles deberían servir de base a la superación del mito del crecimiento de la construcción y la urbanización como algo natural y deseable. Pero este cambio de óptica requiere también dar un giro de ciento ochenta grados tanto a la política de vivienda como a los instrumentos económico-financieros a ella vinculados.
Se requeriría una fiscalidad y una política de vivienda que, al revés de lo que ahora ocurre, promueva la rehabilitación y la reutilitación del patrimonio ya construido en vez de la construcción de obra nueva. Una política que enjuicie y apoye la conservación, reutilización, demolición y sustitución de edificios atendiendo a la adaptación de éstos al clima, al entorno, a su comportamiento ecológico y a su valor cultural. Una política que reinvente con nuevos criterios bioclimáticos el uso de los materiales del lugar que venía haciendo la arquitectura vernácula. Una política que, en contra de lo que ha venido pasando, apoye la función utilitaria de la vivienda en vez de su papel como inversión financiero-suntuaria. Una política que apoye la mayor flexibilidad y eficiencia en el uso del parque de viviendas que otorga el alquiler, como régimen de tenencia, frente a la propiedad, y también la vivienda social de promoción pública frente al exclusivo predominio actual de la vivienda libre. Un régimen fiscal de los ayuntamientos que no haga depender su financiación del cobro de licencias de obra y de concesiones para aumentar el volumen construido. Y una política fiscal que, a diferencia de la actual[48], penalice las plusvalías derivadas de las compraventas especulativas y privilegie los ingresos derivados de los alquileres. Habría que invertir la política de congelación de alquileres, iniciada durante la postguerra (civil) y de privilegio de la construcción para la venta, que llevó a reducir a la mínima expresión actual las viviendas en alquiler antes mayoritarias: hoy habría que congelar las plusvalías, mediante una fiscalidad confiscatoria, para promover el alquiler como medio de rentabilizar la propiedad más acorde con un uso más funcional y menos especulativo del parque de viviendas. El uso más flexible y adaptado a las necesidades del patrimonio construido derivado de estas medidas, unido al mayor apoyo a la conservación (y no a la construcción), redundarían inequívocamente a favor de una mayor sostenibilidad de los sistemas urbanos.
La estrategia de transición en favor de la sostenibilidad y el protocolo de mínimos propuestos deberían de incluir cambios en el marco institucional y en las políticas relativas al suelo, a la vivienda y a los instrumentos económicos y financieros a ellos vinculados como los que acabamos de esbozar. Cambios que acrediten la voluntad efectiva de las administraciones locales, regionales y estatales implicadas de acometer el necesario cambio de lógica a favor de la sostenibilidad urbana. Pues el primer instrumento financiero a utilizar certeramente deberían de ser los propios fondos europeos destinados a promover la sostenibilidad de los sistemas urbanos. La aplicación juiciosa de este instrumento exigiría elaborar la estrategia de transición y el protocolo de mínimos indicados y condicionar la financiación al cumplimiento de los mismos por las administraciones implicadas que quieran beneficiarse de ella.
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Notas

[1]: Esta ponencia se apoya en el informe que me fue solicitado como experto independiente por ECOTEC Research & Consulting Limited para el estudio de ``La problemática urbana en España: Bases para la Definición de la Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible (2000-2006)'', realizado por encargo de la Unidad de Desarrollo Territorial del Ministerio de Medio Ambiente.
[2]: Estos autores presentaban como objetivo de la naciente ciencia económica «acrecentar las riquezas (por ellos denominadas) renacientes sin menoscabo de los bienes fondo (que incluían el patrimonio natural y construido)» (Véase, Naredo, J.M. (1996: VII, VIII)).
[3]: Hemos visto que ya desde el siglo XVIII hay autores que formulan propósitos similares.
[4]: La ecología hablaba en términos de producción y productividad de materia vegetal mediante la fotosíntesis, de dinámica de poblaciones en las que los crecimientos exponenciales iban siempre seguidos de fases de estancamiento o de declive, o de estabilidad (más que de sostenibilidad) de los ecosistemas (generalmente enfrentada a su productividad). Sin embargo el propósito de lograr un desarrollo sostenido (en el sentido de estable o libre de altibajos coyunturales cíclicos en los que la depresión sucedía al auge) estaba firmemente implantado en los manuales de economía ya en los años sesenta, por lo que cambiar el término sostenido (sustained) por el de sostenible (sustainable) podía ser asumido sin traumas por los antiguos `desarrollistas', máxime cuando dicho desarrollo se ha seguido midiendo de la misma manera: por el simple crecimiento del agregado monetario de Renta o Producto Nacional (vid.Naredo, J.M., 1995).
[5]: Es un hecho bastante conocido que resulta imposible generalizar a la población mundial los patrones de vida y de comportamiento de los países ricos, habida cuenta sus desmesuradas exigencias en recursos y en residuos. Por lo tanto, resulta cada vez más deshonesto mantener la idea ilusoria de que la salvación por el crecimiento está al alcance de todo el mundo, cuando la industrialización ha situado a los países ricos en una situación privilegiada generalmente irrepetible, haciendo de ella un bien posicional (Altvater, E., 1994) que les permite mantener sus patrones de vida, en franca expansión, con cargo al resto del mundo: la atracción de capitales y recursos ejercida por el Norte se sostiene cada vez más con cargo a las áreas de apropiación y vertido del Sur (Naredo, J.M. y Valero, A. (dirs.), 1999) y, en suma, el actual modelo el bienestar del Norte se apoya en (y acrecienta el) malestar del Sur.
[6]: Curiosamente, cuando la especie humana dejó de vivir, como las otras especies de la biosfera, de las producciones derivadas de la fotosíntesis y pasó a apoyarse masivamente en la extracción de minerales de la corteza terrestre, la noción de producción se erigió en centro de la ciencia económica. Lo cual denota que el éxito de la noción de producción no ha sido ajeno a su propia función encubridora (de los daños) y apologética (de los logros) del proceso económico capitalista. Los productos de la extracción de materiales de la corteza terrestre multiplican hoy por tres a los derivados de la fotosíntesis utilizada por los sistemas agrícolas, forestales, ganaderos y pesqueros (la sola extracción de combustibles fósiles alcanza un tonelaje similar al de los derivados de la fotosíntesis) (Vid.Naredo, J.M. y Valero, A. (dirs.), 1999).
[7]: Término éste acuñado por Patrick Geddes (1915) para designar esta nueva forma de urbanización, diferenciándola de lo que antes se entendía por ciudades. Lewis Mumford (1938), en La cultura de las ciudades, llega a hablar de `desurbanización' para referirse a este mismo proceso, subrayando que suponía la destrucción de la antigua idea de ciudad.
[8]: Algunos autores lo llaman estilo internacional, pero me gusta más llamarlo universal. La uniformidad de este estilo, con su estética poco acogedora, es fruto de la aplicación planetaria del mismo razonamiento económico que gobierna hoy el pensamiento: pensamiento único y estilo universal son dos caras de la misma moneda.
[9]: En la investigación antes citada (Naredo, J.M. y Valero, A. (dirs), 1999) se formaliza esta ley del comportamiento económico que bautizamos como la `Regla del Notario'.
[10]: El tema de la polarización social y la pobreza acostumbra a tratarse solo en forma de `beneficencia', es decir, con ayudas internacionales de tipo diverso y ONGs que apoyan a los desvalidos, pero que no cambian las reglas del juego económico que las originan. En el caso de la Unión Europea los Fondos de Cohesión tratan de paliar esta situación, con aciertos y disfunciones cuyo enjuiciamiento escapa al propósito de esta ponencia.
[11]: Evidentemente, no podemos entrar en detalles. Sobre la necesidad de mantener la movilidad, la salubridad y la habitabilidad de las nuevas ciudades y los nuevos edificios con un gasto de agua y energía (y una generación de residuos) acrecentados, véase, por ejemplo, Ramón, F. (1985)(Ropa, sudor y arquitecturas), Naredo, J.M. (1994) («El funcionamiento de las ciudades y su incidencia en el territorio») y Vázquez, M. (2000) («Construcción e impacto ambiental: el caso de la tierra y otros materiales»).
[12]: Véase Alguacil, J. (2000), «Ciudad, ciudadanía y democracia urbana» y Verdaguer, C. (2000) «De la sostenibilidad a los ecobarrios».
[13]: Como el ``Libro verde sobre el medio ambiente urbano'' de la Unión Europea,o los Principios explicitados por el Foro Cívico de Barcelona para orientar su propuesta de indicadores.
[14]: El planeamiento municipal vale para ordenar el mercado del suelo calificándolo para los usos, pero no acostumbra a razonar sobre el conjunto de la superficie geográfica del término: trata el suelo hasta ahora considerado `no urbanizable' como si fuera un simple residuo, cerrando los ojos a los usos extractivos, agrarios o de infraestructuras y redes diversas que se despliegan en esa superficie. Ni siquiera existe una unidad de criterio en el planeamiento municipal sobre la `superficiación' y registro cartográfico de los llamados `sistemas generales'. De esta manera los datos de superficies derivadas del planeamiento municipal son incompletos e insuficientes para conocer la evolución de todos los usos territoriales que tienen lugar sobre la superficie geográfica de los términos y tampoco existe información completa elaborada por otras administraciones. ¡El planeamiento metropolitano o regional desapareció en nuestro país con el franquismo!
[15]: Razonar sobre el conjunto de la superficie geográfica de los espacios a gestionar sería así la lección primera en términos de sostenibilidad: las experiencias pioneras de la isla de Lanzarote y del municipio de Calviá, en la isla de Mallorca, así lo acreditan, mostrando que situar en un territorio limitado los afanes de expansión ilimitada es un ejercicio elemental para evidenciar su inviabilidad y consensuar así la necesidad de limitar dichos afanes.
[16]: Por ejemplo, en la Comunidad o provincia de Madrid, cerca del 40 % de la industria que se instaló entre 1957 y 1980 lo hizo sobre antiguos suelos de regadío, tal y como pudimos `planimetrar' en un trabajo realizado para la Dirección General de Acción Territorial y Urbanismo del MOPU (1984) Evaluación de la pérdida de suelo agrícola debida al proceso de urbanización. O también hemos asistido a la sistemática invasión de los cauces y riberas en un territorio tan árido como el de Madrid, por el viario y los usos urbano-industriales. Hoy el proceso continúa sin que se sepa la calidad de los suelos sobre los que se implantan los nuevos usos: en estas condiciones hablar de sostenibilidad y buenas prácticas, insistimos, es una vergüenza.
[17]: Este cuadro fue elaborado por mi para el trabajo Evolución de la ocupación del suelo por usos urbanos directos e indirectos en la Comunidad de Madrid (1956-1980-1998) realizado para la Dirección General de Urbanismo y Planificación Regional de la Comunidad de Madrid, previendo su elaboración con desglose municipal.
[18]: Sobre Barcelona véase Barracó, H., Parés, Prat, A. y Terradas, J. (1999) Barcelona 1985-1999. Ecologia d'una ciutat Sobre Madrid véase Naredo, J.M. y Frías, J. (1988)Flujos de energía, agua, materiales e información en la Comunidad de Madrid
[19]: Habría que precisar, por ejemplo, las condiciones climáticas del término, así como si cuenta con industrias muy consumidoras de agua o de energía, para que el manejo de los datos no sea engañoso. Pues el desmantelamiento de industrias y la importación de productos cuya obtención conlleva altos contenidos de agua, energía o materiales, puede mejorar el ambiente local, pero a costa de trasladar la huella de deterioro ecológico a otros territorios. Por lo tanto, aunque el seguimiento de los flujos físicos no sea completo, se deben evitar este tipo de confusiones. El protocolo debería incluir un sistema simplificado que recogiera los flujos más relevantes (agua, productos energéticos y residuos sólidos, industriales e inertes, por ejemplo) junto con algunas precisiones sobre la naturaleza de las otras entradas y sus cambios (por ejemplo, una conurbación como Madrid, que carece de plantas térmicas de producción de electricidad y de industrias muy consumidoras de energía en su territorio, recibiendo de fuera la electricidad, el gas...o los perfiles de hierro y aluminio, etc., puede aparecer como modelo de eficiencia energética, cuando no hace más que trasladar el gasto de energía a otros territorios).
[20]: Una metodología orientada a registrar la evolución del stock de edificios y viviendas útil para orientar su gestión figura en Naredo, J.M. (dir.) (2000).
[21]: Por ejemplo, no parece claro que vaya en favor de la sostenibilidad la promoción de 20.000 viviendas nuevas en un municipio, como Gijón, con amplias zonas industriales en declive, que figura en el Plan Estratégico de desarrollo sostenible de esta ciudad.
[22]: Si alguno lo hiciera tendría que invadir las competencias de los otros.
[23]: Por ejemplo, acaba de salir el manual de Fernández García, F. (2000) Introducción a la fotointerpretación, con una breve historia de la foto aérea en España, que resulta muy atractivo, aunque quizá demasiado documentado e ilustrado para el propósito de divulgación general antes indicado, pero en la misma bibliografía que contiene aparecen otros manuales y libros más simples relacionados con el tema.
[24]: Desglosada en barrios o unidades que hagan posible la participación. Pero este desglose no debe originar compartimentos estancos, sino que cada barrio debe de saberse parte de un sistema más amplio con el que interacciona. Por ejemplo, los barrios o zonas desfavorecidas lo son como reverso de otros favorecidos: ambos forman parte de un mismo metabolismo urbano a corregir para evitar casos de extrema segregación espacial y social.
[25]: El hecho de que, curiosamente, se hable de ``democracia participativa'' subraya el déficit de participación que aqueja a nuestras democracias parlamentarias de hoy día.
[26]: La mejor síntesis de esta corriente puede encontrase, a mi juicio, en Erkman, S (1998). Sobre ecología urbana véase Rueda, S. (1995).
[27]: Por ejemplo, como se constató en la década de los 60 (Ehrlich, 1968 si la población siguiera creciendo, como lo hacía entonces, a una tasa del 2 % anual en 900 años habría en la Tierra 120 habitantes por metro cuadrado incluyendo los océanos.
[28]: Dado que no es posible definir científicamente el modelo óptimo de territorio y de ciudad que se estima deseable o sostenible, esta decisión sólo puede concretarse con la participación de las poblaciones implicadas en el establecimiento de un marco institucional que guíe el mercado del suelo en uno u otro sentido. Como hemos indicado el proceso de participación social, debidamente informado, se revela así como un instrumento indispensable para orientar la toma de decisiones sobre el tipo de territorio y de ciudad a configurar. La información física detallada sobre las calidades y usos del stock de suelo antes mencionada se revela como un instrumento esencial para razonar sobre los posibles modelos de ocupación del suelo y su incidencia sobre el conjunto del territorio.
[29]: Se suele hablar de `desarrollo' de un suelo entendiendo por tal su uso urbano-industrial, aplicando sobre él construcciones o infraestructuras que le hacen perder la casi totalidad de sus valores naturales y sus funciones ecológicas originarias.
[30]: Se podrían limitar los derechos de `desarrollo' de un determinado stock de suelo o bien condicionar su ejercicio en un suelo al rescate o a la renuncia de ejercerlo en otros, para asegurar la conservación y distribución un stock de ciertas calidades de suelo previamente acordadas, todo ello controlado bien por administraciones o por ONGs.
[31]: Por ejemplo, un sencillo cálculo aritmético permite comprobar que si hubiera proseguido en Madrid el crecimiento de la ocupación por usos urbano-industriales del suelo a la tasa media anual que había seguido entre 1957 y 1980, en sólo 32 años la conurbación ocuparía la totalidad de la superficie geográfica de la región o provincia de Madrid, incluidas las cumbres de la sierra de Guadarrama, lo cual, por muy `ancha' que sea Castilla, muestra la insostenibilidad de ese crecimiento.
[32]: Acaba de divulgarse un reciente Informe demográfico de Naciones Unidas que estima, prolongando las actuales tendencias demográficas, una disminución de la población española de diez millones de habitantes para el 2050.
[33]: Por ejemplo, la Tesis doctoral de Javier Ruíz (1999), confirma que, en la Comunidad de Madrid, la ocupación del territorio ha transcurrido en buena medida corrigiendo o contraviniendo lo previsto en los planes municipales (mediante planes especiales u otras figuras) y que los planes de infraestructuras han sido más condicionantes del modelo de crecimiento que el planeamiento urbano originario: acabó predominando el modelo de conurbación difusa frente a la más concentrada prevista en el planeamiento inicial. Por otra parte, el hecho de que el 30% del suelo privado no urbanizable o protegido del municipio de Madrid pertenezca a sociedades inmobiliarias (es decir, cuyo objeto social es urbanizar esos terrenos) constata la vigencia del proceso antes indicado de presión (sobre el poder local) -recalificación-revalorización-construcción y venta (Vid. Naredo, J.M. (1996) La burbuja inmobiliario-financiera en la coyuntura económica reciente (1985-1995)
[34]: La Exposición de Motivos de la mencionada ley dice taxativamente que «la presente Ley pretende facilitar el aumento de la oferta de suelo, haciendo posible que todo el suelo que todavía no ha sido incorporado al proceso urbano, en el que no concurran razones para su preservación, pueda considerarse como susceptible de ser urbanizado».
[35]: Como no hay mal que por bien no venga, o viceversa, la nueva Ley del Suelo del 98, al eliminar ese cajón de sastre del ``suelo no urbanizable'', induce a razonar sobre el conjunto de la superficie geográfica con todos los usos de que es objeto, como habíamos propuesto en el protocolo de mínimos. Otra cosa es que con este punto de partida se opte por uno u otro modelo de urbanización. Ha de tenerse en cuenta que la desidia o laxitud administrativa (carencia de normas y criterios) presupone otorgar preferencia al modelo de la conurbación difusa, ya que este modelo encuentra en la ausencia de reglas del juego urbanísticas el campo abonado para prosperar.
[36]: La normativa actual apoya la rehabilitación de edificios o núcleos singulares catalogados de interés hitórico-artístico, o la renovación poco costosa de viviendas ordinarias (nuevos sanitarios, suelos, etc.) pero no contempla la costosa conservación y rehabilitación dedificios antiguos (con gruesos muros, vigas y artesonados de madera, etc.) que constituyen el grueso del patrimonio inmobiliario antiguo, ya sea rural o urbano, que permanece todavía en pie y que tiene interés histórico, cultural e incluso arquitectónico sobre todo como conjunto, aunque sus piezas sean más o menos humildes y parezcan en ocasiones indignas de ser rehabilitadas. Habría, pues, que pensar y legislar para la conservación o rehabilitación del conjunto de este tipo de patrimonio: todavía estamos a tiempo para rectificar.
[37]: Recordemos que la Estrategia Territorial Europea apunta a conseguir una estructura espacial equilibrada y promueve el policentrismo.
[38]: El porcentaje record en Europa de viviedas secundarias y desocupadas observado en el Censo español de vivienda de 1991 se acentuará sin duda en el Censo de 2001. La única información disponible para algunas autonomías y municipios, la del Padrón de 1996, así lo atestigua. Por ejemplo, en el municipio de Madrid, en el quinquenio 1991-1996, la población disminuyó en un 5% mientras que el número de viviendas aumento en un 6,5%, lo cual se explica porque el 85% del aumento de viviendas correspondió a la categoría de viviendas secundarias o desocupadas. Y si tenemos en cuenta que tanto el boom constructivo, como el declive demográfico de la población solvente, se acentuaron en el quinquenio siguiente (1996-2001), no es aventurado suponer que cerca del 90% de las nuevas de viviendas acabaran siendo en el municipio de Madrid secundarias o desocupadas, al ser predominar masivamente la finalidad inversora entre las razones que justifican las operaciones de compra. La estimación de que el afloramiento de dinero negro, antes de la plena implantación del euro en 2002, explica cerca del 12% de las compras realizadas en 2001 (seún informe del BBVA, Situación inmobiliaria, Octubre 2001) apunta en este sentido.
[39]: Por ejemplo la Fundación Hogares de Magaña (hogarmaga@eresmas.com) tiene como propósito fundacional «aportar hogar y trabajo a personas necesitadas, tratando de conseguir su integración e independencia, total o parcial, en núcleos rurales con problemas de despoblación».
[40]: Véanse artículos de Félix Arias, María Naredo y Víctor Renes sobre el tema en el volumen monográfico sobre Ciudades habitables y solidarias de Documentación Social, nº 119, abril-junio, 2000.
[41]: Véase Naredo, J.M. (1999) «Sobre la cooperación libre e igualitaria como remedio frente al paro y al trabajo dependiente»
[42]: Por eso, un ayuntamiento, como el de Salamanca, que optó por ceder el negocio de los residuos a una gran empresa ajena al municipio desestimando el proyecto que para esa tarea había presentado una cooperativa de trabajo social local ya especializada en la recuperación y el tratamiento de residuos, debería quedar, a mi juicio, descalificado en cuanto a buenas prácticas tendentes a la sostenibilidad.
[43]: Cabe apreciar que muchas de las medidas que hoy se presentan bajo el velo de la sostenibilidad, no vienen mas que a tratar las crisis y conflictos actuales con procedimientos de siempre. La beneficencia, la enseñanza, la mejora de la cualificación del trabajo, el tratamiento de los problemas sanitarios...o de transporte, en general, poco tienen que ver con la sostenibilidad (ecológica) global de los sistemas urbanos. Menos aún lo tienen aquellas medidas que apuntan a favorecer el crecimiento económico tan insostenible que se venía dando. Interesa pues separar el grano de la paja evitando que ahora todas las medidas y políticas se presenten con la etiqueta de sostenibles y reciban ayudas por este concepto.
[44]: Los proyectos de rehabilitación unidos a otros tendentes a preservar la diversidad económica y social en los cascos antiguos pueden ser un ejemplo en este sentido: Ciutat Vella de Barcelona (¡no de Valencia!), Bilbao la vieja, Zaragoza, entre otros. Vid. González I. (2000) La variedad urbana: una condición necesaria para la calidad de vida en la ciudad.
[45]: Una exposición detallada de estos temas puede encontrarse en Naredo, J.M. (2000) «Ciudades y crisis de civilización» y en Naredo, J.M. y Valero, (dirs.) (1999)Desarrollo económico y deterioro ecológico. Y una exposición sintética más general pueden encontrarse en el apartado ``Principales escollos mentales e institucionales que impiden el desarrollo de las prácticas territoriales globalmente sostenibles'', del texto Naredo, J.M., ``Sobre la insostenibilidad global de las actuales conurbaciones y el modo de paliarla'' en Naredo, J.M. y Rueda, S. (1996) Marco general de desarrollo sostenible aplicado a casos de buenas prácticas en medio urbano, Primer catálogo español de buenas prácticas
[46]: Tanto la Ley del Suelo del 98, como las promulgadas o propuestas por algunos de los diecisiete gobiernos autonómicos, están recurridas ante el Tribunal Constitucional, originando un galimatías legal importante en este terreno tan básico y condicionante del devenir de nuestro territorio.
[47]: Ya hemos indicado que los mecanismos en vigor inducen a ocupar para usos urbano-industriales preferentemente aquellos espacios que cuentan con mayor valor natural, paisajístico, agronómico, etc. El objetivo de la sostenibilidad ecológica demanda poner coto a esta tendencia reorientando los procesos de urbanización para conseguir que, por ejemplo, las industrias y las casas no se pongan encima de las huertas, como ha venido ocurriendo en territorios con graves problemas de aridez en los que el suelo de vega debería de ser un recurso importante a preservar. Todo ello teniendo en cuenta que la preservación y mejora de los valores del territorio ha de redundar en beneficio de la calidad de vida de sus habitantes, que el afán de lucro de algunos puede dar al traste. Estimamos que las administraciones deben de velar por los intereses de la mayoría, ligados a la sostenibilidad y la habitablidad, y no por el lucro de unos pocos.
[48]: La política tributaria se ha ido haciendo más condescendiente con los ingresos derivados de las compraventas especulativas. Por ejemplo, en el ejercicio fiscal del 2000, se ha rebajado de dos a un año el período que debe mediar entre la compra y la venta de una vivienda para que la ganancia obtenida tribute por un tipo fijo del 18% cualquiera que sea su importe.
02/06/2005 14:15 Enlace permanente. Tema: Artículos de opinión No hay comentarios. Comentar.

SOS Litoral Cádiz

Borrador de folleto, para la campaña SOS LITORAL CADIZ
De los Verdes
Para sugerencias o preguntas sobre la campaña, dirigirse al 655 790 458 o al mail losverdes@ya.com

En España se construye al año 800.000 nuevos viviendas, más que lo que se construye en la totalidad de países de la Unión Europea, El 50 % del cemento que se fabrica en Europa se produce en España y la construcción es responsable directa e indirectamente de más del 35 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático, que se emiten a la atmósfera.
Paradójicamente en España y en Andalucía la vivienda es más cara que la media europea y el ritmo de crecimiento de los precios es de los más altos de la unión. Entre 1996 y el año 2004 el precio de la vivienda subió en Andalucía casi un 80 %. En el año 2004 creció más de un 20 % (tres puntos por encima de la media estatal) y el precio del metro cuadrado se situó en 1700 euros. Se construyen más de 200.000 viviendas anuales y sólo se crean 50000 nuevos hogares. En los últimos quince años la vivienda de protección ha pasado de ser un 40% del total a no superar el 10% del parque inmobiliario andaluz.
Este boom especulativo inmobiliario tiene su manifestación más depredadora y dañina en el litoral mediterráneo y en las costa andaluza. Más del 70 % del litoral andaluz esta sometido a regresión o deterioro, debido a los numerosos espigones, puertos deportivos, paseos marítimos. Las urbanizaciones que ocupan el 58 % del litoral y el 80 % en la Costa del Sol. Desde Ayamonte al Cabo de Gata se suceden las construcciones, muchas de ellas abiertamente ilegales y con sentencia de demolición confirmada por el Tribunal Supremo como es el caso de Monteenmedio en Cádiz. Todo esto contribuye a un deterioro creciente del litoral y las playas andaluzas.
Por si esta situación no fuera ya lo suficientemente alarmante decena de nuevos proyectos y modificaciones urbanísticas en Ayamonte ,Cartaya, Punta Umbría, Sanlucar de Bárramela, Chipiona, Rota, El Puerto de Santa María, Chiclana, Conil, Barbate, Tarifa, Benalmadena, Fuenguirola, Vélez-Málaga, Málaga, Rincón de la Victoria, Almuñecar, Salobreña, Motril, Nijar , Mojacar amenazan con urbanizar más del 70 % de la costa andaluza en los próximos diez años (veinte nuevos puertos deportivos, 50 campos de Golf) . Más de 60 millones de m2 están pendientes de su recalificación para ser urbanizados, aumentando así en un trescientos por cien la población de las zonas urbanizadas.
El litoral andaluz no podrá soportar la presión en el uso del suelo y la ocupación del litoral, el consumo de agua, los vertidos, el incremento de residuos, la presión demográfica, la construcción de carreteras, autovías y autopistas. La degradación resultante será fatal no solo para el medio ambiente y la calidad de vida sin también para la oferta turística, clave en la economía andaluza. Ya hay signos claros del agotamiento del modelo turístico en la Costa de Sol, a pesar de todo los maquillajes de la administración, la demanda ha caído en los últimos diez años más de un 15 %.
Pero no se agotan aquí los efectos indeseables de este vendaval de cemento y especulación: la democracia y la seguridad también está amenazada. Al calor de este anormal crecimiento urbano se han estado instalado en nuestras costas, unida al tráfico ilegal de drogas, el capital criminal proveniente de organizaciones mafiosas que amenazan con la seguridad, como ya es dolorosamente notorio en lugares como Marbella, y con la instauración de un sistema político basado en la corrupción con ayuntamientos en manos de los especuladores y mafiosos.
Una tercera ola especulativa y urbanizadora se cierne sobre la costa andaluza. La primera se dio en los años sesenta y setenta y afectó fundamentalmente a la costa malagueña. La segunda se produjo a finales de los ochenta y en los años noventa. Esta tercera oleada es más agresiva que las anteriores y trata de ocupar aquello que quedó fuera de la especulación urbanizadora: básicamente Cádiz, Huelva y parte de la costa granadina y almeriense. Si el reclamo de la primera oleada fue el apartamento en la playa y el de la segunda la piscina; el símbolo de la tercera es la urbanización con campo de Golf y puerto deportivo.
Enfrentar esta tercera oleada de urbanizaciones con el horizonte del cambio climático es una estrategia suicida. El cambio climático está afectando al nivel del mar , un mar como el Mediterráneo que se calienta en un grado y en una velocidad superior al resto de mares y océanos, y ello conllevará daños graves al litoral andaluz, que junto con la extremización de las condiciones climáticas , puede dañar fatalmente las posibilidades turísticas de la costa andaluza
Es necesario un cambio radical en las políticas urbanísticas y una auténtica rebelión ciudadana que ponga freno a tanta destrucción anunciada. Por ello Los Verdes de Andalucía proponemos para salvar las costas andaluzas, las siguientes medidas:
1. Moratoria de un año en la construcción de nuevas urbanizaciones, campos de Gol y obras de regeneración de playas hasta la puesta en funcionamiento de la Agencia Andaluza por el Desarrollo Sostenible del Litoral y la finalización del desarrollo de la normativa urbanística autonómica.
2. Inmediata aprobación y puesta en funcionamiento Agencia Andaluza por el Desarrollo Sostenible del Litoral.
3. Prohibición de construcción de nuevos Puertos deportivos, espigones y paseo marítimos.
4. Cumplimiento de la sentencia de demolición del complejo de Monteenmedio en Tarifa.
5. Regulación autonómica de la construcción de nuevos campos de Golf, con separación de campos de Golf y urbanizaciones.
6. Modificación Plan Infraestruturas.
7. Retirada de las competencias en materia urbanísticas a los ayuntamientos infractores como Marbella, Puerto de Santa María, Tarifa, Barbate, Almuñecar y otros.
8. Reforma en la legislación urbanística andaluza
9. Pacto político contra la mafia.
02/06/2005 14:17 Enlace permanente. Tema: Campaña No hay comentarios. Comentar.

BASES PARA UNA CAMPAÑA PROVINCIAL DE DENUNCIA DE LOS PROBLEMAS OCASIONADOS POR LA EXPANSIÓN URBANÍSTICA INCONTROLADA

(ECOLOGISTAS EN ACCIÓN – MÁLAGA)

La expansión urbanística desmesurada y desordenada genera graves problemas en el medio ambiente del que depende. Concretamente, en Málaga podemos decir que el sector de la construcción es el “motor” económico de la economía de mercado que padecemos y, a la vez, el principal problema ambiental primario, del que derivan multitud de problemas secundarios. El sólo hecho de ocupar territorio de forma irracional, no sólo acarrea problemas ambientales y sociales, sino que también encubre auténticas tramas delictivas, como ya reflejó el boletín criminológico editado por la facultad de derecho de la universidad de Málaga. Esta delincuencia, en principio de guante blanco, puede llegar a ser tremendamente violenta, lo que acarrea serios problemas socioambientales urbanos.

Entre los problemas que genera la expansión urbanística directamente se sitúa la pérdida de suelo agrícola. Los mejores suelos agrícolas del litoral andaluz estás cayendo bajo las garras de las máquinas excavadoras. Se eliminan además ecosistemas completos, concretamente el ecosistema litoral emergido está siendo literalmente borrado del mapa. Podemos considerar que la extracción de materia prima para la construcción, esto es, áridos de cantera y riberas también es un efecto directo del boom urbanístico, igualmente se considera la necesidad de la infraestructura de abastecimiento de agua y energía para el mantenimiento de las obras, como lo es el desplazamiento de miles de trabajadores desde comarcas y provincias del interior a los centros de construcción masiva, con lo que se provoca un desequilibrio económico-social importante que provoca una masificación desmesurada en los centros urbanizadores, lo cual conlleva toda una cascada de problemas socioeconómicos y ecológicos. Por fin, el crecimiento urbanístico está promovido, en gran medida, por tramas corruptas organizadas de blanqueo de capital de origen fraudulento que generan una fuerte especulación urbanística a la que también se suman inversores particulares con consecuencias económicas nefastas. El proceso especulativo retroalimenta todo el sistema constructivo y permanece la sensación de falta de vivienda ya que éstas no son accesibles a mucha población mientras el resto mantiene una relación contractual asfixiante con entidades financieras hipotecarias.

Si desgranamos cada uno de esos efectos de una forma simple, nos encontramos con una serie de efectos secundarios, derivados de los primarios o directos, que relaciono de forma muy sucinta:

1. Desestructuración económica y dependencia de recursos primarios exógenos. Se pierde lenta pero inexorablemente el sector primario (agricultura, pesca, ganadería). Se requiere abastecimiento desde lejanas procedencias.

2. Contribución a la desertización. Se crean islas de calor entorno a los núcleos asfaltados que pueden influir a nivel local en el clima. Los eriales marginales cada vez ocupan un radio mayor.

3. Contribución al efecto invernadero A los masivos desplazamientos desde los lugares de residencia habitual, con el consumo de combustible y repuestos del automóvil ocasionado, hay que sumar los derivados de la necesidad de aprovisionamiento con productos transportados a larga distancia y, nuevamente, el consumo de combustible y repuestos ocasionados por este transporte

4. Pérdida de biodiversidad. Las especies de la franja litoral principalmente, tanto costera como del pie de monte y curso bajo de los ríos y arroyos está en franco peligro de exterminio masivo: fartet (Cádiz), galápago leproso, camaleón común, lagartija colirroja, pardelas, erizo moruno, sabina costera, enebro costero, hierbas y matorral costero…y muchas más, sufren procesos de rarefacción (cada vez son más raros, menos frecuentes). A éstas hay que sumar las afectadas por efectos secundarios: presas, canteras… (nutria, aves riparias, libélulas y otros insectos, formaciones vegetales…) y la pérdida de las combinaciones por estos elementos formadas (ecosistemas).

5. Contaminación lumínica. Se crean auténticos ríos iluminados en las vías de comunicación y en las aglomeraciones urbanísticas. Efectos sobre la fauna nocturna y alto consumo energético a cargo del erario público.

6. Concentración de contaminación electromagnética y desorganización de ésta. El crecimiento desordenado crea una inmensa maraña de cables telefónicos y eléctricos que surcan el paisaje urbanizado. Las antenas móviles se concentran en los alrededores y edificios altos de las poblaciones. Multitud de aves mueren electrocutadas o colisionadas en la intrincada red eléctrica.

7. Abastecimiento de agua. La expansión urbanística requiere de la correspondiente dotación de agua para abastecer a sus pobladores. El agua, hoy por hoy, procede de embalses, ya que la desalación no está extendida. La construcción de grandes embalses y trasvases provocan una potente cascada de problemas ambientales:

7.1. Aumentar considerablemente la explotación de canteras.

7.1.1. Eliminación de ecosistemas, recursos naturales, patrimonio cultural y formas de vida rurales

7.1.2. Contaminación del aire hasta niveles de morbilidad (enfermedad) por problemas respiratorios importantes (Alhaurín Torre)

7.2. Disminuir el aporte de limos y arenas al mar y por tanto:

7.2.1. Disminuir el nutrimento de los peces (golpe a los bancos pesqueros y al sector económico de la pesca)

7.2.2. Disminuir el aporte de arenas a los estuarios (se fuerza la "restauración de playas con arenas de ríos, canteras y bancos de arena submarinos: actividad archidemostrada inútil, en la que anualmente se "tiran" al mar miles de millones y recursos naturales difícilmente cuantificables). En este punto habría que establecer un puente de retroalimentación a los puntos referente a las canteras.

7.3. Impedir el flujo de peces río arriba (golpe duro a la población de peces migradores: anguilas, salmones -en el norte peninsular-)

7.4. Destrozar ecosistemas de ribera (mazazo a la nutria y otros mamíferos y aves amenazados -musgaños, mirlo acuático, avión zapador, rallidas, ardeidas-; eliminación de multitud de formaciones vegetales protegidas y extinción de especies de peces -pez fraile- e insectos -libélulas-).

7.5. Gravísima barrera ecológica que contribuye a impidir la recuperación de especies en extremo peligro de extinción en Andalucía (lince ibérico: presas de Melonares -Sevilla- y Breña II -Córdoba-) y ponen en serios problemas a otras -nutria, peces-.

7.6. Pérdida de un ingente patrimonio histórico-cultural, especialmente etnográfico.

7.7. Abandono de zonas rurales (demolición e inundación de pueblos y expulsión de sus vecinos, éxodo por pérdida de vegas de cultivo...).

7.8. Estimular el consumo desmesurado de agua merced a la sensación de disponer de un recurso inagotable con ofertas en torno a los 600 litros por persona diariamente en municipios como Marbella. Sigue aumentando la demanda.

7.9. A medio-largo plazo NO SE RESUELVE EL PROBLEMA DEL ABASTECIMIENTO DE AGUA DE CALIDAD a quien realmente lo necesita.

8. Abastecimiento de de áridos. Requiere la explotación de canteras, con pérdida de entornos serranos, pérdida de biodiversidad y recursos geológicos. Como efecto terciario tendremos la contaminación por partículas en suspensión (graves afecciones respiratorias y problemas con el tráfico, especialmente de vehículos pesados) en los núcleos urbanos cercanos a las canteras. Se generan nuevas demandas de productos de cantera (murallones y plataformas de sillares de grandes dimensiones en macro-chalets, muros de “embellecimiento”, zócalos y pavimentos). Eliminación de arenas en riberas de ríos con sus problemas derivados.

9. Abastecimiento de energía. Las grandes aglomeraciones urbanísticas requieren de una considerable cantidad de energía, para lo que se requiere combustible, centros generadores (térmicas, hidráulicas –nuevos embalses-, nucleares…) y sistemas de distribución (subestaciones eléctricas, líneas de alta, media y baja tensión). Gran producción de gases invernadero en el caso de proliferación de térmicas: es el caso de la provincia de Málaga. Se suma la contaminación electromagnética. También los problemas derivados de los tendidos con las aves.

10. Proliferación de Campos de golf. Se construyen como atractivo para vender las promociones que se ejecutan alrededor de los campos de golf. Se disparan los requerimientos hídricos además de provocarse otros efectos (pérdida de ecosistemas, contaminación de suelo agrícola y de acuíferos).

11. Invasión de playas e interrupción de la dinámica litoral. La construcción sobre la playa y la ubicación de puertos deportivos y diques añadidos o espigones rompe completamente la dinámica litoral. La aportación de arena a las playas se fuerza anualmente a costa del erario público infructuosamente. Se destruyen zonas de reproducción y alevinaje de fauna de interés pesquero, impidiéndose la regeneración del recurso. Este efecto se suma al descrito en 7.2.

12. Pérdida de patrimonio histórico-cultural. especialmente etnográfico ligado a los sistemas tradicionales de cultivo y transformación de recursos primarios (molinería, salazonería, hornos, alfarería, curtiduría…).

13. Pérdida de patrimonio arqueológico y paleontológico. Sólo una parte de los restos arqueológicos o paleontológicos encontrados bajo las promociones urbanísticas (las más cercanas a los núcleos urbanos) son comunicados a las autoridades. Se pierden yacimientos completos.

14. Abandono de núcleos rurales del interior y ruptura de los sistemas económicos rurales. El abandono de las labores agrícolas y ganaderas para ganar más dinero en la construcción en grandes núcleos urbanizadores provoca la ruptura del sistema económico tradicional en los pueblos. Por un lado se dejan de trabajar paulatinamente los recursos primarios, por otro, la ambición de equidad en el poder adquisitivo hace buscar otros recursos a veces ilegales (comercio sumergido de joyas).

15. Contribución a la proliferación de epidemias. Las concentraciones de población facilitan la transmisión de enfermedades por vía de contacto o aérea, principalmente (enfermedades cutáneas y respiratorias). Las enfermedades cutáneas no tienen gran importancia en la actualidad, dado el nivel de higiene de la sociedad actual, pero sí las respiratorias, donde las cepas virales y bacterianas tiene muchas más posibilidades de reproducción y transmisión.

16. Aparición de mafias y crimen organizado. El gran movimiento de capital en los núcleos urbanizadores y el modo sumergido en el que muchas veces se mueve ese capital atrae a mafias de todo el mundo (Europa Oriental, China, Rusia, Colombia, Países del Magreb y Oriente Próximo, Italia…). Aparecen tramas de crimen organizado, con la sensación de inseguridad ciudadana e incremento del estado policial.
02/06/2005 14:19 Enlace permanente. Tema: Campaña No hay comentarios. Comentar.

Propuestas para la Campaña por una moratoria

Ecologistas en Acción Cádiz
Propuestas para la Campaña por una moratoria
urbanística en el litoral de Cádiz
En el punto en que nos encontramos, lo más importante para afrontar una campaña por una moratoria
urbanística en el litoral de nuestra provincia es encontrar un eslogan adecuado. En Ecologistas en
Acción existe ya un discurso suficientemente elaborado y asumido por todos en torno al urbanismo
litoral, derivado de la enorme labor reivindicativa realizada en los últimos años y de las reflexiones
colectivas que esa labor ha conllevado. Nuestra conclusión es clara: debemos exigir una moratoria
urbanística en el litoral. Y nuestro problema es encontrar una frase que sintetice adecuadamente ese
discurso, tanto en su contenido como en su energía, que nos creamos y asumamos todos y que sea
capaz de llegar a la sociedad.
En definitiva, necesitamos un grito de guerra1. Éste debe servirnos para desarrollar una campaña de
difusión que tenga verdadera repercusión en la sociedad y en las instituciones políticas. Es decir,
queremos que sea un pelotazo.
Ésa es una tarea difícil pero podemos al menos intentarlo. Para ello, el eslogan que proponemos es el
siguiente:
1 La palabra "eslogan" viene del celta "slaugh " (guerra) y "gheun " (grito), o sea "grito de guerra".
Sobre el eslogan y su imagen
NI UN LADRILLO MÁS es un eslogan rotundo, seco, contundente, enérgico y, si se quiere,
amenazante. Un se acabó, sin aceptar condiciones, sin contemplaciones, no cabe discusión. Al enemigo,
ni agua. Es la guerra contra el ladrillo.
NI UN LADRILLO MÁS adquiere la forma e imagen de un sello tampón de caucho, para usar
preferentemente en tinta roja y cruzado de esquina inferior izquierda a superior derecha. Esta imagen
aporta mayor rotundidad al mensaje, la que se emplea en sellar un documento, simbolizando el freno al
ladrillo.
Entinta el sello, levanta el brazo y estampa el sello con toda tu energía sobre el papel. Ahora, respira
hondo. ¿No te sientes más relajado?
El sello de caucho es además ilimitado, puede ser entintado y estampado indefinidamente. Es la idea
repetitiva lo que hace de los sellos de caucho un vehículo sólido de transmisión de información y es ese
carácter el que se pretende dar al eslogan NI UN LADRILLO MÁS.
El sello tampón aporta una gran versatilidad de usos, que nos permite movernos entre el espacio virtual
y el espacio real, de la imagen gráfica de materiales de difusión a la acción directa y las intervenciones
sobre espacios públicos.
NI UN LADRILLO MÁS puede estamparse sobre cualquier cosa. Aquí van algunas propuestas:
– Sobre un ladrillo. Es nuestro píxel (picture element), nuestro elemento básico o unidad mínima de
intervención. Cada ladrillo que marquemos quedará dañado en su más profunda autoestima y
resultará inútil para cualquier tarea constructiva.
– Sobre una edificación o proyecto urbanístico concreto. Supone la invalidación y el freno del
proyecto. Se juzga, se condena y se estampa el sello. Si el proyecto llega a realizarse, se caerá por su
propio peso.
– Sobre un PGOU u otro documento de planeamiento urbanístico. Supone, igualmente, el rechazo al
plan. En este caso el sello actúa como vacuna, librando de ladrillos indeseables al documento.
NI UN LADRILLO MÁS permite intervenir sobre cualquier cuestión relacionada con la especulación
urbanística y la fiebre del ladrillo que asolan nuestro país y nuestra región. Pero nuestro interés se centra
especialmente en el litoral, por lo que el eslogan se complementa con la frase Nuestro litoral se agota.
Nuestro litoral se agota completa el mensaje aportando la razón de la contundencia del eslogan principal.
Su valor está en que resume la razón última y principal para parar el urbanismo en el litoral de la
provincia o de Andalucía. El eslogan apunta directamente al urbanismo en el litoral, al ladrillo, como
responsable principal del agotamiento y la degradación del litoral. Casi sobra añadir más argumentos.
Es un argumento que conecta además con la experiencia de cualquier persona que haya visto la
evolución de nuestros municipios litorales en los últimos años o décadas y puede, por tanto, ser
entendido y compartido por un gran sector de la población. Y esto sirve tanto para la población local
como para los propietarios de segunda residencia y turistas habituales.
Materiales de difusión tradicionales
La propuesta de imagen gráfica a emplear en materiales de difusión tiene como característica principal
la diversidad de imágenes. La idea es que el mensaje, que sí es único y contundente, llegue al público
por diversos medios y asociado a diversas imágenes. El eslogan es, como se expuso antes, versátil para
poder ser estampado como un sello sobre cualquier cosa y se trata de aprovechar esa versatilidad.
Los siguientes son sólo una muestra de las posibilidades de uso del eslogan. Los diseños dependerán del
tipo de material a editar: carteles, panfletos, pegatinas o cualquier otro tipo, y de otros contenidos que
puedan acompañar a la imagen.
Como elemento protagonista del mensaje,la imagen del ladrillo tachado por eleslogan de la campaña constituye casi un logo. Minimalista y sencilla, esta imagen refuerza aún más la identificación del ladrillo como elemento casi de culto de la corriente de pensamiento dominante en torno al desarrollo económico de nuestra región o país.
Estos dos son muestras de empleo del eslogan con ejemplos concretos de nuestro litoral. En cada caso el sentido puede ser diferente, triunfalista o amenazador en el caso de Atlanterra o de denuncia en el caso de Bolonia.
El karateka rompiendo ladrillos es quizás la imagen más amenazante: no nos vamos a quedar en frenar al ladrillo, sino que también vamos a derribarlo.
Es también una invitación a la participación:¡Rompe un ladrillo por tu litoral!
Y es también una forma de liberar la tensión debida a la indignación que sentimos por el robo de nuestro patrimonio heredado que supone la especulación urbanística.
Los dioses simbolizan la verdad, la sabiduría. Cuando hablan, lo hacen para proteger o aconsejar a los seres humanos. Poner en boca de los dioses nuestro eslogan supone elevarlo a la categoría de mensaje divino. ¿Quién va a rebatir nuestros argumentos si la diosa Gades, Jesucristo o el mismísimo Jehová aseveran: NI UN LADRILLO MÁS?
Intervenciones
La utilidad del eslogan y su imagen va más allá de su uso en el diseño de material gráfico. Su forma de
sello tampón permite pasar de la virtualidad a la realidad, de la imagen simbólica a la intervención sobre
espacios reales, multiplicando así los posibles soportes y la difusión del mensaje.
El sello tampón de bolsillo
Es el sello de tamaño convencional que llevaremos siempre encima y que nos permitirá actuar sobre los más
diversos soportes. El modelo ideal es el automático, que no requiere tampón de tinta separado.
Algunos ejemplos de uso:
El periódico de bar. Nada más democrático que el periódico de bar, que leen multitud de clientes
mientras se toman el cafelito o la cervecita y que nos permite opinar sobre esas, por desgracia,
habituales noticias de escándalos urbanísticos, PGOUs, complejos turísticos, etc. Sólo tenemos que
estampar nuestro sello sobre la noticia con cierto disimulo y nuestra opinión será leída por multitud de
personas a lo largo del día. Es más, por el simple hecho de poner un sello sobre una noticia,
provocaremos la atención sobre ella de quien simplemente ojea el periódico.
El folleto turístico. Que suele colocarse en expositores, mostradores y mesas de información, en
oficinas de turismo, hoteles o cualquier otro lugar. Los hay de diverso tipo: planos turísticos de un
municipio, folletos de complejos turísticos, anuncios de hoteles, etc. y sobre cualquiera de ellos el sello
NI UN LADRILLO MÁS puede tener sentido.
El plan o proyecto a exposición pública. En esos largos ratos de lectura y análisis que pasamos en
los ayuntamientos y otros organismos públicos revisando planes y proyectos durante los periodos de
información pública, podemos entretenernos estampando nuestro sello de bolsillo en algunas páginas
de esos tediosos documentos. Así, el interesado que revise después el documento o el propio arquitecto
municipal podrán ser iluminados por nuestro revelador mensaje. Es, además, la alegación directa y
certera, la única que es, con total seguridad, incorporada al plan.
La frente del concejal de urbanismo. Se trata de otro posible uso del sello tampón de bolsillo,
inspirado en las acciones de la BBB (Biotic Baking Brigade)2, pero sustituyendo el tartazo en la cara por
el estampado del sello NI UN LADRILLO MÁS en la frente del político de turno. La acción se debe
realizar en actos públicos con presencia de la prensa, para obtener un efecto mediático adecuado, y
valen frentes de concejales de urbanismo, alcaldes o cualquier político implicado en asuntillos de
especulación urbanística.
El sello gigante o plantilla troquelada
Es el sello de gran formato que permite actuar sobre soportes mayores y más visibles. Se trata de una plantilla metálica troquelada para imprimir con pintura. Consistirá en un kit desmontable y portátil, que incluirá plantillas de varios tamaños y diversos accesorios para poder actuar sobre soportes de distinto tamaños y
alturas.
2 La Brigada Pastelera Biótica se dedica a aplicar pasteles biológicos en la cara de políticos y gentes poderosas del mundo.
Algunos ejemplos de posibles soportes son:
Valla publicitaria de promoción urbanística. La típica valla estupenda que pretende vendernos un futuro paraíso junto al mar. Si el promotor ha pensado que ese sitio era precisamente el mejor para colocar su valla nunciadora, entonces será también el sitio perfecto para nuestro eslogan.
Obtendremos la máxima visibilidad de nuestro mensaje golpeando donde más duele.
Escaparate o fachada de promotora urbanística. Ataque directo a casa del enemigo.
Fachada de un edificio en construcción. Qué mejor forma de acabar una obra. Quizás los operarios se lo tomen en serio y dejen de poner ladrillos.
La bienvenida hollywoodiense
Aumentando aún más el tamaño de la intervención, la Bienvenida Hollywoodiense consiste en la fabricación del mensaje NI UN LADRILLO MÁS en letras de gran tamaño al estilo Hollywood,como está también muy de moda en las rotondas de entrada a los pueblos para dar la bienvenida a sus visitantes. El mensaje se colocaría de forma itinerante en los municipios litorales de la provincia, en colinas o puntos de entrada a la localidad, para dar
la bienvenida a los turistas, o se utilizaría en actos concretos relacionados con la campaña. Tiene un fin similar a una pancarta, pero con la ventaja de ser visible desde mayores distancias debido al tamaño de las letras. Las letras se fabricarían en un material plástico rígido de color blanco y contarían con un pie desmontable, para que puedan ser tanto manejadas por personas como quedar ancladas en un lugar. Pero como se ve en las imágenes de abajo, lo divertido es llevarse las letras puestas. El invento es muy antiguo como puede apreciarse.
02/06/2005 14:25 Enlace permanente. Tema: Campaña No hay comentarios. Comentar.


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